22 de octubre


Acuareales, espirales y elefantes

Silvania
Paisaje III, Lp
Elefant Records, 1994
MP3: http://www.megaupload.com/?d=IB2QCIR0


Una pesadilla tiñe de azul ultramar el remanso de paz en el que sumido estaba hasta que apareció una bicéfala criatura curiosa mezcla entre Angélica y el demonio. Una sinfonía monótona recorre los pasillos por donde transita la caricatura de algún enemigo acérrimo, pintor en exclusiva para la galería de Iris Clert, ansioso de estamparme, de cuajo, la sentencia que dicte, al fin, el éxito de mi siempre, en despegue, carrera artística.
De súbito un cepo ancla mi pie al suelo, yermo cultivo, de mi húmeda habitación; la cama se retuerce y me escapo por su envés, hoja afilada que acaricia mi rostro herido de viruelas imperecederas.

Un accidente en la calle hace subir los decibelios hasta que explota la vidriosa telilla que separa el sueño de la realidad. Un perro se ha colado
-¿cómo?- en la galería en la cual duermo y trabajo hasta que encuentre sustento con el que pagar la cuota mensual del alquiler. El cánido se entretiene mordiendo mi pezuña como en busca del Santo Grial. Fijo la mirada en su entrecejo y atisbo la sensación de haber convivido con él en alguna otra parte, un otre place tan remoto como abstracto.
Es este lugar realizo mi trabajo, que como norma general, se trata de copiar sin resultar evidente. Ésta vez, sin embargo, resulta complejo, hecho que no me debe asustar, ya que se trata de reinventar el espacio inmaterial de Ives Klein; o lo que es lo mismo, apartar la espiritualidad del cuerpo artístico occidental para concretarlo en torno al pneuma, soplo o respiración en una época donde el aire se muestra más contaminado que nunca. Para ello quizá deba encomendarme a Santa Teresa, o, mejor, a L’air et les songes de Bachelard, lo cual me devolverá al vacío como materia fundadora de mis pesadillas, esas que teñidas en IKB me acercan al desplome en un valle que no es sino el mar.

15 de octubre


I’m deranged


David Bowie

B.S.O. Lost Highway, Lp

Fontana Interscope, 1997

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Entré en mi mundo a través del oído medio del algún humano que perdió los nervios y vióse embarcado en un viaje del que no pudo salir más que a través de la muerte. Algo debió perderse por el camino para que pudiera acceder a la ventana desde la que contemplo mis más recientes acciones, junto a otras de un pasado erosionado; el modo en que se hilvanan, la manera de entrecruzarse, de unir cabos aparentemente inconexos entre sí.

Me pierdo por las vías de acceso a mi conciencia, y, lógicamente, preso por mi cuerpo, no intento zafarme de dicha rémora ya que transito por una zona invisible, la de la tela de araña onírica.

Me encuentro con todos mis antiguos ideales, hoy puro y vago recuerdo. Logró entreverlos entre el resto de misiones a cumplir en la vida, la de ahí fuera y no esta subliminal fuente de inspiración, expiación de muchos de mis pecados capitales infringidos durante toda mi carrera artística. Tantos para tan poco tiempo, el de las horas de sueño robadas a la realidad.

No quiero regresar, me gustaría permanecer por siempre aquí recluido, prisionero de mis lamentos y anhelos, miedos y temores de una vida supeditada al logro de un objetivo luego endemoniada carga de conciencia:

la fama.

8 de octubre


Manhattan


Morente & Lagartija Nick

Omega, Lp

El europeo música, 1996

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Tras pasar todo el día en la playa, los brazos no sienten la verdadera identidad con la que fueron concebidos, esto es, salvar al arte de la mediocridad imperante. Si las paredes del museo del monocromo se muestran colmadas cuales alacenas rurales, es gracias a la fuerza que mis brazos pueden albergar empuñando los pinceles cuales arrojadizas armas de destrucción masiva.

Long Island es un páramo donde descansar de la violencia de la urbe indómita, Manhattan, esa que ruge y se hiere mortalmente mientras sus integrantes se desangran en las más rutinarias tareas aprendidas en la cadena de montaje de la vida.

La combinación de arena en caliente explosión y agua frescamente límpida restaña los pecados veniales que cualquier prócer pintor puede cometer en la manera de entender el por qué y para qué vital. Mientras, uno sopesa la cantidad a ubicar en la balanza, las colchonetas inflables pueblan el horizonte violado por la intensidad desmesurada de los ultravioletas surgidos del astro rey. La fuerza y energía, que los artistas intentamos secuestrar durante las interminables horas que pueden transcurrir a lo largo de las eternas jornadas de trabajo, no semejan, ni por asomo, a la inyectada a la Tierra por tal lejano asteroide. Esa es la realidad imperante, por mucho que nos empeñemos nunca seremos bastante.