19 de noviembre


Twilight world

Holger Czukay, Jah Wobble, Jaki Liebzeit
How much are they?, 12”
LD Records, 1990
MP3: http://www.megaupload.com/?d=4YJNNDOZ

Comprendo perfectamente que a veces se sientan confundidos ante los hechos que, en estas entregas, parecen avanzar o retroceder en el tiempo; también estoy de acuerdo en que, por momentos, encuentren dificultades para ubicar espacialmente el transcurso de la acción. En ocasiones les narro mis peripecias en el Nueva York de los sesenta, hecho que, como muchos ya habrán especulado, y acertádamente, define meridiánamente bien mi edad. Sin embargo, en otras me sumerjo en relatos remótamente alejados de los anteriores, pero se trata de algo natural debido a mi profesión de artista consagrado en el panorama de la independencia artística. Algunas veces todo sucede, incluso los viajes, en la vigilia del sueño que adormece mis torturadas neuronas. Es en esa zona franca aparecen muchos de los fantasmas que pululan, en carne y hueso, por la realidad de mis, y vuestros, días, alimentando la fantasía tan ausente luego en mis grandes lienzos tan parcos en palabras.
Como les digo… un momento que suena el teléfono… es mi agente, les tengo que dejar, algo pasa en el Whitney.

12 de noviembre


Scare some life into me

B-Movie
Nowhere girl, 7”
London Records, 1982
MP3:
http://www.megaupload.com/?d=PIGZO83Q

Hacía ya algún tiempo que no se inauguraba una exposición en torno a esas creaciones artísticas que me sirven tanto de sustento económico como de bálsamo emocional. El emplazamiento escogido no ha podido ser más acertado, una iglesia en desuso sirve de perfecto abrigo a un buen número de esculturas en metal de mi exitosa serie ‘peligro en la vida diaria’.
Camino entre las obras y pienso en los títulos que poseen, y en lo dura que ha sido la vida, ya desde la infancia, hasta llegar aquí; y como en aquel truco de magia en el que un cochecito se detenía, misteriosamente, sobre la carta seleccionada, alcanzo la escultura de los lápices revestidos de clavos. Por un algo inextricable, ese coche avanza por el túnel del tiempo hasta revivir el día en que mi padre , yo bien zagal, me regaló una caja de lápices que destacaban por estar profusamente astillados, hecho que complicaba en exceso la naturaleza para la que habían sido concebidos: ¿escribir? Un ¿precioso?, y preciso, envenado presente por parte de un padre, que no era tal, que vino a intentar ocupar el lugar que el verdadero, al que veneraba, dejó víctima de las malas artes de una madre, la mía, que nunca deseó que yo llegara al mundo.

5 de noviembre




Pull the sucker off


Fine Young Cannibals

She drives me crazy, 7”

London Records, 1988

MP3: http://www.megaupload.com/?d=CACXA5T1


El poco tiempo libre que poseo lo dedico, en las más de las ocasiones, a preparar deliciosas, como dirían los queridos oriundos de la capital del reino del arte, delicatessen. La cocina me relaja tanto como apasiona, y todo por la complicidad que se establece con la materia prima; el resultado, como en el arte, flirtea por esa delgada y quebradiza línea que une el éxito con el fracaso; quizá esa sea otra razón por la que congenio a las mil maravillas con la praxis culinaria, inagotable fuente de placer.

Algo obviado en las inauguraciones de las exposiciones es la parte referente al catering, o como dirían aquellos otros, los canapés. No confundir, por favor, con el mueble, sino con la forma en que los pequeños bocados se presentan en esas demostraciones de que el arte es tan burgués como elitista, y con ello siempre unido a la clase dominante, la ostentosa poseedora de la mayor parte de la riqueza.

Más allá de todo ello, la parafernalia se desinfla al decorar el producto con meras comparsas, puro fuego de artificio a base de exóticas especias, colorantes, flores comestibles del trópico, extractos selváticos… al final ya no sabe si uno contempla el arte abstracto o lo devora. Pero hasta arribar el barco a puerto, a la mesa, o a la pared de la galería, la obra sufre infinidad de estudios físico-químicos; la compatibilidad del pigmento con la resina, la temperatura de cocción, la deshidratación de las verduras, la disposición de las pinceladas, la conservación de las frutas escarchadas; el éter vaporoso cual campo de color diluido en el taller de la gran manzana del judío emigrante Rothko; el graffiti de huevo y tinta de calamar, los paños calientes del segoviano Andrés Vicente produciendo la sensación de un difuso y persistente movimiento nervioso; la tortilla agasajada con su propia fécula y exenta de huevo…

Me duele la cabeza y quizá no se deba al arroz con oreja servido en cazuela de barro, justo al dente, en Can Toni, sino a la náusea de haber perdido el enésimo tren hacia Kassel, otro año más.


28 de octubre


Dance your ass off (take outs)


R.T.Z.

Dance your ass off, 12”

Max Music, 1991

MP3: http://www.megaupload.com/?d=OFZSSAT1


El recuerdo de los inicios me devuelve el verdadero valor de lo logrado, parte de ese inasible abstracto supremo que es el cielo, lugar con el que soñar tras haber expiado los pecados llevados a cabo en el tránsito de una, falsamente, agitada e interesante vida; o el tránsito hacia la resignación, perdón, madurez, obtenida entre la rocosa ferocidad del invierno por pequeñas capitales de estado. De aquí para allá en un perpetuo transitar que me hace sopesar el precio pagado por tan poca recompensa. Sucumbir al ostracismo y olvido de la academia del arte nos es más que otro pequeño gran logro en una interminable hoja de servicios que denota la dureza de la piel, caparazón tras el que cobijarse ante los ataques, que desde mi propia profesión, los muchos envidiosos vienen a propinarme con una sorprendente destreza.

Pero conmigo no podrán ya que mi hercúlea fuerza lo arrasa todo: series litográficas de 500 unidades, serigráficas del orden de 400 y tiradas en vídeo de 100.

El ensordecedor sonido del dólar en la caja registradora obscenamente me seduce de un modo que me hace recuperar del olvido antiguas planchas con las que vencer la resistencia del tórculo, forzar su lamento ante tanto trabajo inmisericorde. Y yo, desde una esquina, leyendo tranquilamente el Frankfurter, controlo con el rabillo del ojo, todo el proceso de trabajo; o bien algún ayudante mío, becario en prácticas cedido por el college, deseoso de descubrir mucha de la esencia del arte en la era de la reproductibilidad técnica.