
Treasure
Love Genes Jezebel
The house of dolls, Lp
Beggars Banquet, 1987
MP3: http://www.megaupload.com/?d=W52MSWI6
Las fotos de los hijos de los amigos de Loretta Lux me han distraído de la verdadera protagonista de este momento que va a consumirse justo cuando lo empiece a saborear; y qué más da si al final seguro que acaba mal.
Lo que apunta hacia el estrellato es el regalo que trae entre manos la protagonista vamp de esta película en technicolor que es mi vida narrada en primera persona a través del mundo tecno-digital. Seguro que no podrán hacerse a la idea como huele a aceite la estancia, y todo por el envoltorio que ha escogido para recordarme que llevamos un año juntos en la gloria del infierno.
En ocasiones me adelanto tanto a los acontecimientos que debo deshacer mis pasos horadados en la realidad de lo escrito. Y es que lo importante no recala en el continente sino en el contenido, objeto de disfrute, seguro, ahora que ella comienza a trepanar el papel que cobija a… una mítica Leica del 67, la misma que portaron Siskind, Steiglitz o Steichen. Esta mujer casi siempre es capaz de lo peor, pero algunas veces, pocas, resulta ser caída del mismo cielo en el que, a buen seguro, no se halla Napoleón.
Lo que no alcanzo a entender es quién le habrá asesorado para que haya comprado tan preciado objeto, ya que su coeficiente no dista mucho del de un ofidio. Lo desconozco por completo, tal vez tenga otro amante enclaustrado en el congelador de su caravana. Ha logrado leer a la perfección mi voluntad entre las brumas de mis pensamientos en torno a la práctica fotográfica.
Lo que ande buscando con tal presente no llego a vislumbrarlo, aunque sus dotes de actriz de Serie B le confieren el porte necesario para ser la heroína de una serie de instantes detenidos robados a traición de una futura serie de películas imaginarias. Y si como de una Cindy Sherman se tratase, explotaría los múltiples roles en los que la mujer se ha visto inmersa, sin tan siquiera solicitarlos, desde tiempos inmemoriables. Angélica embutida en su traje de lamé tumbada en una cama que la visto ejercer la profesión más antigua de la humanidad; de rodillas enfurecida recogiendo los restos de la compra caída al suelo; subida a la escalera alcanzando un libro de una librería; inocentemente vestida esperando el autobús a la salida de una curva; contemplándose frente al espejo cubierta por una toalla; sorprendida por la lluvia en la noche y lista para una cita a ciegas; recostada en la tumbona tranquilamente tomando el sol; de negro sintiendo el luto de la viudedad… pero siempre adoleciendo de la clase que le sobraba a Sherman en esos Still Films de películas irrealizadas que poseían la carga propia del affiche publicitario.
Love Genes Jezebel
The house of dolls, Lp
Beggars Banquet, 1987
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Las fotos de los hijos de los amigos de Loretta Lux me han distraído de la verdadera protagonista de este momento que va a consumirse justo cuando lo empiece a saborear; y qué más da si al final seguro que acaba mal.
Lo que apunta hacia el estrellato es el regalo que trae entre manos la protagonista vamp de esta película en technicolor que es mi vida narrada en primera persona a través del mundo tecno-digital. Seguro que no podrán hacerse a la idea como huele a aceite la estancia, y todo por el envoltorio que ha escogido para recordarme que llevamos un año juntos en la gloria del infierno.
En ocasiones me adelanto tanto a los acontecimientos que debo deshacer mis pasos horadados en la realidad de lo escrito. Y es que lo importante no recala en el continente sino en el contenido, objeto de disfrute, seguro, ahora que ella comienza a trepanar el papel que cobija a… una mítica Leica del 67, la misma que portaron Siskind, Steiglitz o Steichen. Esta mujer casi siempre es capaz de lo peor, pero algunas veces, pocas, resulta ser caída del mismo cielo en el que, a buen seguro, no se halla Napoleón.
Lo que no alcanzo a entender es quién le habrá asesorado para que haya comprado tan preciado objeto, ya que su coeficiente no dista mucho del de un ofidio. Lo desconozco por completo, tal vez tenga otro amante enclaustrado en el congelador de su caravana. Ha logrado leer a la perfección mi voluntad entre las brumas de mis pensamientos en torno a la práctica fotográfica.
Lo que ande buscando con tal presente no llego a vislumbrarlo, aunque sus dotes de actriz de Serie B le confieren el porte necesario para ser la heroína de una serie de instantes detenidos robados a traición de una futura serie de películas imaginarias. Y si como de una Cindy Sherman se tratase, explotaría los múltiples roles en los que la mujer se ha visto inmersa, sin tan siquiera solicitarlos, desde tiempos inmemoriables. Angélica embutida en su traje de lamé tumbada en una cama que la visto ejercer la profesión más antigua de la humanidad; de rodillas enfurecida recogiendo los restos de la compra caída al suelo; subida a la escalera alcanzando un libro de una librería; inocentemente vestida esperando el autobús a la salida de una curva; contemplándose frente al espejo cubierta por una toalla; sorprendida por la lluvia en la noche y lista para una cita a ciegas; recostada en la tumbona tranquilamente tomando el sol; de negro sintiendo el luto de la viudedad… pero siempre adoleciendo de la clase que le sobraba a Sherman en esos Still Films de películas irrealizadas que poseían la carga propia del affiche publicitario.



