1 de octubre


Treasure

Love Genes Jezebel
The house of dolls, Lp
Beggars Banquet, 1987
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Las fotos de los hijos de los amigos de Loretta Lux me han distraído de la verdadera protagonista de este momento que va a consumirse justo cuando lo empiece a saborear; y qué más da si al final seguro que acaba mal.
Lo que apunta hacia el estrellato es el regalo que trae entre manos la protagonista vamp de esta película en technicolor que es mi vida narrada en primera persona a través del mundo tecno-digital. Seguro que no podrán hacerse a la idea como huele a aceite la estancia, y todo por el envoltorio que ha escogido para recordarme que llevamos un año juntos en la gloria del infierno.
En ocasiones me adelanto tanto a los acontecimientos que debo deshacer mis pasos horadados en la realidad de lo escrito. Y es que lo importante no recala en el continente sino en el contenido, objeto de disfrute, seguro, ahora que ella comienza a trepanar el papel que cobija a… una mítica Leica del 67, la misma que portaron Siskind, Steiglitz o Steichen. Esta mujer casi siempre es capaz de lo peor, pero algunas veces, pocas, resulta ser caída del mismo cielo en el que, a buen seguro, no se halla Napoleón.
Lo que no alcanzo a entender es quién le habrá asesorado para que haya comprado tan preciado objeto, ya que su coeficiente no dista mucho del de un ofidio. Lo desconozco por completo, tal vez tenga otro amante enclaustrado en el congelador de su caravana. Ha logrado leer a la perfección mi voluntad entre las brumas de mis pensamientos en torno a la práctica fotográfica.
Lo que ande buscando con tal presente no llego a vislumbrarlo, aunque sus dotes de actriz de Serie B le confieren el porte necesario para ser la heroína de una serie de instantes detenidos robados a traición de una futura serie de películas imaginarias. Y si como de una Cindy Sherman se tratase, explotaría los múltiples roles en los que la mujer se ha visto inmersa, sin tan siquiera solicitarlos, desde tiempos inmemoriables. Angélica embutida en su traje de lamé tumbada en una cama que la visto ejercer la profesión más antigua de la humanidad; de rodillas enfurecida recogiendo los restos de la compra caída al suelo; subida a la escalera alcanzando un libro de una librería; inocentemente vestida esperando el autobús a la salida de una curva; contemplándose frente al espejo cubierta por una toalla; sorprendida por la lluvia en la noche y lista para una cita a ciegas; recostada en la tumbona tranquilamente tomando el sol; de negro sintiendo el luto de la viudedad… pero siempre adoleciendo de la clase que le sobraba a Sherman en esos Still Films de películas irrealizadas que poseían la carga propia del affiche publicitario.

25 de septiembre


I send to you my blues

Manta Ray
Manta Ray, Lp
Subterfuge records, 1995

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Al aparecer por la puerta del loft con un pequeño paquetito envuelto en el mismo papel en el que sirven las patatas fritas, pensé lo mismo que llevo haciendo desde el día siguiente a conocer a Angélica: ¿qué hecho yo para merecer esto? ¿Cómo convive con esa falta de clase que tanto me disgusta y asusta?; zapatos con tacones rotos, mondadientes en ristra, pasión por la comida de lata y la añada de vino a granel más barato del supermercado de la esquina, esa que antaño frecuentaba. ¿Qué extraño vínculo me ase a ella?, se preguntarán ustedes. Si lo supiera ya hubiera respondido, pero la vida es tan extraña como andar despistado por un castillo de Lisboa y reconocer el paso del tiempo en las arrugas de una historia de inocencia secuestrada.
Esa misma belleza deudora de la mejor infancia la muestra, a color, las instantáneas perfectamente compuestas de Loretta Lux, modesta partidista de la mejor tecnología en el retoque digital. Como si del mismo cirujano plástico de Orlane se tratara, la fotógrafa detiene el tiempo para robarle a la eternidad aquello que aquel chico triste y solitario definió como una décima de segundo, latido infinitesimal de la brevedad de la verdad. Los infantes de sus retratos saltan a mi rostro a través de los sentidos, pero es mi alma la que consigue percibir sus pequeños grititos a través de las capas que los programas de retoque fotográfico han interpuesto entre sus poses y el azul de la superficie que ampara la correcta irrealidad de fondo. De las capturas impresas en la revista emana un halo imperceptible a la mayoría de mortales, y es en ese tránsito dentro-fuera donde se halla el resultado de desplazar el candor de la mirada infantil hacia el paradero de la tristeza del vacío en la pared. Tras ellos surge una inane pregunta, ¿será verdad lo que alcanzo a imaginar?

18 de septiembre


Your ghost (featuring Michael Stipe)

Kristin Hersch
Hips and makers, Lp
Reprise/WEA, 1994
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… que aquella blonde redhead que recreó en mi interior la Kristallnacht a modo de juego perverso con el que hundirme en el mar de lágrimas que de mí brotaban, manaban, hasta secar por completo el valle de mi corazón ahora desierto.
Pero eso fue hace demasiado, como la última exposición en un museo estatal que tuve; ¡por Dios!, a ver si mi agente se entera por donde van los tiros del mercado y me entrega en mano la solución a la crisis de ventas en que parezco haber sucumbido. Tanta carne, tanta selección, tanta presión por parte del mercado va a hacer de mi método de trabajo una historia válida para el museo de antropología, lugar que no deseo visitar ni tan siquiera como mero espectador.
Parte de la razón de mi sequía creativa, esa que aparece tan pronto como desaparece, se debe a la violación emocional que Angélica me propugna cada vez que me secuestra en la alcoba de su caravana; esa cama con vistas al cielo no es más que el potro de tortura donde las cortinas rojas de mi cerebro empiezan a desteñir el ocaso de la sociedad, empezando por un servidor que sabe lo mucho que se padece en los balcones sin vista alguna en los que contemplar la muerte en vida al cobijo de las cuatro ruedas de la varada caravana de mi amante.
Angélica no suele tantear la realidad en el Meatpacking, de hecho creo imaginar su ignorancia al respecto de donde reposa el nuevo talento artístico, eso que en la boca de mi vieja amiga selectora de carnes selectas vendría a ser el arte emergente. Cuando salí de la ciénaga en la que quede atrapado me encasillaron en la emergente emergencia; una sirena aullando sin parar vamos. Y ahora que en el puzzle casan muchas de las piezas del juego de la vida, solo falta entender el por qué de las paredes vacías en el museo de arte moderno de Nueva York, el por qué del ansia de llenar el vacío, de explicar la decadencia cuando ésta puede ser un fin en sí mismo.

11 de septiembre


Without Words (basic mix)

Assyrian
Without Words, 12”
Vox Populi, 1991
MP3:
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Bajo la mirada de un sol benévolo, y de una salina capa de azul transparente, leo una edición atrasada del Frankfurter Allgemeine con la tranquilidad propia del que ha logrado parte de sus objetivos vitales. Como si el dolor propio de otra época hubiera desaparecido, mi cuerpo responde a los impulsos que mi mente le envía ya que, lentamente, paso las hojas de la extensa edición dominical; es lo que tienen los envíos internacionales, un excesivo retraso que hace de la actualidad pasto del recuerdo, más no supone trauma alguno ya que me permite encontrarme con mi Muttersprache, lengua madre la de este exiliado artista en los EE.UU.
La sección de cultura aparece amigablemente entre mis dedos genuinamente impresa con algunos caracteres propios del alemán no actualizado. Y que más da si se puede entender a la perfección, esa misma que me exigen cada día que inicio un cuadro, modelo una escultura o parto en dos el melón en litigio del arte conceptual. A mí si que pueden exprimirme, como si de un cítrico seleccionado se tratase, mientras que las ediciones más prestigiosas adolecen de la autocrítica necesaria para avanzar hacia el logro del objetivo de la perfección, ideal platónico recreable mediante subterfugios y juegos de azar, funambulistas y oradores, vendedores y asesores de imagen, estilistas y curadores, agentes de bolsa y decoradores, licenciados en marketing y personal de recursos humanos, analistas de gráficos y ejecutivos de grandes cuentas…
Los pulmones se me congestionan por el abuso del aerógrafo en el estudio, aunque también leer sobre la basura reinante en el mundo me deja sin palabras.
El acierto del Frankfurter es la cantidad de información que acoge; como la referente al nombramiento de una antigua compañera de batallas sexuales como selectora de carnes selectas, nada más y nada menos…

4 de septiembre


James Brown is dead (out takes)

L.A. Style
James Brown is dead (remix), 12”
ZYX, 1990
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Las segundas residencias se muestran, las más de las veces, desprovistas de los elementos necesarios para crear un clima interior acorde a los sentimientos que uno más valora, añora o ensalza. La mía, en Conney Island, distando mucho de ser perfecta, cumple con los principios básicos de habitabilidad, confort y personalidad. Lejos del mimbre de los muebles de segunda mano, del estridente escai del sofá, de la teñida cubertería de alpaca, de los estampados del hule, los juegos de vasos rayados y ventanas sin cortinasm siento las desnudas paredes reflejar mis sentimientos, devolverme todo lo que suspiro y deseo. Sin barroquismos ni reduccionismo zen, los muros medianeros anclan al habitáculo la esencia de lo que me permite vivir.
El balcón, orientado al oeste para ver como el sol hunde su cuerpo celeste sobre el manto de agua salina, me regala lo que es una edénica vista. La playa y su arena de finas conchas trituradas, galleta picada presta a rebozar los tersos cuerpos que pueblan este inmejorable emplazamiento.
El campo, otro refugio interior, sedujo a Agnes Martin de un modo lineal, geométrica disposición de paralelas auscultando el movimiento de las copas arbóreas; la extraña conjunción de tierra y mar, elementos dos ellos, me incitan a que retome la práctica de la representación pictórica plana con el fin de devolver a la Tierra todo lo que ella me ha dado.
Salgo del balcón y enciendo el receptor superheterodino; muevo el dial y detengo la sintonía en un punto donde el padrino del Soul despliega su genuino talento vocal. Las gaviotas vuelan bajo aproximándose a la bahía; el eco del ulular de unas sirenas, y vaticino que ya nada volverá a ser lo mismo.