
My October Symphony
Pet Shop Boys
Behaviour, Lp
EMI Records, 1990
mp3: http://www.megaupload.com/?d=ZPSFWRF3
El mundo del pop siempre ha tenido a sus escogidos artistas favoritos, aquellos capaces de ensalzar la vena amable y hedonista de la vida moderna. Nombre, muchos, pueden venir a la cabeza, algunos próximos a las hordas comerciales populistas, y otros más proclives al aterciopelado susurro elegante. Los excesos y amaneceres eternos con el tiempo van cediendo en pos de una elaboración más compleja de la vida; no hay duda, a pesar de que la resignación no alcanza a las cargas de flotación, de que algo sucedió, algo cambió en el devenir del duo británico Pet Shop Boys ya que el sabor de su cuarta pieza larga en estudio -sin contar las remezclas de Disco- bebe mucho de eso que poco a poco contamina sin rastro aparente: los sinsabores de la vida adulta.
Heroes por un día capaces de mantener el listón en cotas impensables con el paso del tiempo, lustros, el duo, reácio durante sus comienzos a las apariciones en directo, entendió a la perfección esa sensación leve y constante que es la barrera entre un estadio, la juventud, y el paso a otro a modo de crisálida: la madurez, o el paso de la felicidad al dolor.
La carrera de Neil Tennant y Chris Lowe puede entenderse como una larga sucesión de éxitos sin parangón dentro de la música tecno en perfecta unión con la beldad del pop. Números uno potenciales que campan a sus anchas por los surcos de un vinilo único e irrepetible: Please, o la concatenación de hits del mismo modo que haría Nirvana en Nevermind. Pecados lógicos que supieron frenar –la cara b del Lp es batante floja- en una siguiente entrega que ahondaba en los mismos términos que la anterior: Baile desprejuiciado desde premisas pop amparados en certeras proposiciones que vaticinaban lo que podría llegar a ocurrir. Melancolía -Rent- y jovialidad -What have I done to deserve this? con Dusty Springfield- en unos textos sobre algo ya antes oído: pérdida y desamor, donde incluso de entre las cáscaras es posible concebir un vaso lleno de zumo: Hit Music. La versión 12” de It´s a Sin cae por su propio peso víctima de haberla cocinado previamente en aquel disco de remezclas de su debut: Disco. Julian Mendelson, Arthur Baker post Confusion o Shep Pettibone –por entonces remixer official de Madonna hasta el advenimiento de la música electrónica en los noventa- regalaban versiones, unas más acertadas que otras, de las grandes gemas de sus inicios: Love comes quickly, West end girls o Paninnaro.
La adolescencia bien puede resumirse según las historias contadas por este duo que como ningún otro supo enseñarle el camino a bandas como U2, Madonna, EBTG o The Cure en la relectura sonora que un tercero podía propiciar a las composiciones originales. La sombra del grupo crecía de un modo inversamente proporcional a sus apariciones en vivo, huyendo del pánico que la secuenciación de los sintetizadores requiere a tiempo real. Bajo la fórmula, patentada como nadie lo había lgorado antes –Ultravox, Bronski Beat, O.M.D., Devo, unos más histriónicos Soft Cell o mesurados Depeche Mode-, el influjo del verano del amor ibicenco y el legado del Miami Bass entra en contacto a través de la figura de Lewis A.Martinee para dar forma a uno de sus éxitos más recordados: Domino Dancing. Con el patrón de Disco en mente logran sellar un fresco de perfectas teselas que encajan a la perfección con la concepción vitalista que su espíritu transmitía. La suerte estaba echada, no había más que decir, la verdad había sido toda expulsada para dejar de beber de la linfa que les había convertido en santo y seña de los años ochenta. Introspective, con esa portada para el recuerdo, emite destellos ininterrumpidos propios de un flash a punto de estallar de tanto abusar de él.
Y como todo en esta vida tiene un principio y final sin el cual sería imposible concebir el devenir, la puerta se cierra -tras dos muestra más como 12” intermedios: los medleys de Where the streets have no name y Always on my mind- para comenzar una etapa regida por la serenidad y la clama interior; un éxtasis comedido que San juan de la Cruz aceptaría de buen grado al ver entre los títulos de crédito a Jhonny Marr. El eco de los grupos de chicos vociferando, minifaldas de colegialas haciéndole requiebros al viento, fiestas universitarias de final previamente escrito, carreras en coches bajo los efectos de los narcóticos... la vida se marcha tal como la conocían, o por lo menos eso es lo que consiguen transmitir en lo que es sin duda la obra maestra de una discografía que comenzó a resentirse notáblemente durante la segunda mitad de los noventa. Behaviour abraza melancólicamente al oyente –Being Bored, Obviously- incluso en los momentos más reconocibles de su préterita época –So Hard, con un dub mix pinchado en Valencia-. La madurez entra de lleno en un disco que se escucha de principio a fin con una lágrima no por lo vertido sino por lo enraizado en uno mismo de lo narrado bajo esa exacerbación espiritual que es la música. Los pespuntes del ex de los Smiths en My October Symphony ayudan a que no quede lugar a la duda: todo lo ya vivido jamás volverá a ser sentido.


