22 de febrero


My October Symphony

Pet Shop Boys
Behaviour, Lp
EMI Records, 1990
mp3: http://www.megaupload.com/?d=ZPSFWRF3

El mundo del pop siempre ha tenido a sus escogidos artistas favoritos, aquellos capaces de ensalzar la vena amable y hedonista de la vida moderna. Nombre, muchos, pueden venir a la cabeza, algunos próximos a las hordas comerciales populistas, y otros más proclives al aterciopelado susurro elegante. Los excesos y amaneceres eternos con el tiempo van cediendo en pos de una elaboración más compleja de la vida; no hay duda, a pesar de que la resignación no alcanza a las cargas de flotación, de que algo sucedió, algo cambió en el devenir del duo británico Pet Shop Boys ya que el sabor de su cuarta pieza larga en estudio -sin contar las remezclas de Disco- bebe mucho de eso que poco a poco contamina sin rastro aparente: los sinsabores de la vida adulta.
Heroes por un día capaces de mantener el listón en cotas impensables con el paso del tiempo, lustros, el duo, reácio durante sus comienzos a las apariciones en directo, entendió a la perfección esa sensación leve y constante que es la barrera entre un estadio, la juventud, y el paso a otro a modo de crisálida: la madurez, o el paso de la felicidad al dolor.
La carrera de Neil Tennant y Chris Lowe puede entenderse como una larga sucesión de éxitos sin parangón dentro de la música tecno en perfecta unión con la beldad del pop. Números uno potenciales que campan a sus anchas por los surcos de un vinilo único e irrepetible: Please, o la concatenación de hits del mismo modo que haría Nirvana en Nevermind. Pecados lógicos que supieron frenar –la cara b del Lp es batante floja- en una siguiente entrega que ahondaba en los mismos términos que la anterior: Baile desprejuiciado desde premisas pop amparados en certeras proposiciones que vaticinaban lo que podría llegar a ocurrir. Melancolía -Rent- y jovialidad -What have I done to deserve this? con Dusty Springfield- en unos textos sobre algo ya antes oído: pérdida y desamor, donde incluso de entre las cáscaras es posible concebir un vaso lleno de zumo: Hit Music. La versión 12” de It´s a Sin cae por su propio peso víctima de haberla cocinado previamente en aquel disco de remezclas de su debut: Disco. Julian Mendelson, Arthur Baker post Confusion o Shep Pettibone –por entonces remixer official de Madonna hasta el advenimiento de la música electrónica en los noventa- regalaban versiones, unas más acertadas que otras, de las grandes gemas de sus inicios: Love comes quickly, West end girls o Paninnaro.
La adolescencia bien puede resumirse según las historias contadas por este duo que como ningún otro supo enseñarle el camino a bandas como U2, Madonna, EBTG o The Cure en la relectura sonora que un tercero podía propiciar a las composiciones originales. La sombra del grupo crecía de un modo inversamente proporcional a sus apariciones en vivo, huyendo del pánico que la secuenciación de los sintetizadores requiere a tiempo real. Bajo la fórmula, patentada como nadie lo había lgorado antes –Ultravox, Bronski Beat, O.M.D., Devo, unos más histriónicos Soft Cell o mesurados Depeche Mode-, el influjo del verano del amor ibicenco y el legado del Miami Bass entra en contacto a través de la figura de Lewis A.Martinee para dar forma a uno de sus éxitos más recordados: Domino Dancing. Con el patrón de Disco en mente logran sellar un fresco de perfectas teselas que encajan a la perfección con la concepción vitalista que su espíritu transmitía. La suerte estaba echada, no había más que decir, la verdad había sido toda expulsada para dejar de beber de la linfa que les había convertido en santo y seña de los años ochenta. Introspective, con esa portada para el recuerdo, emite destellos ininterrumpidos propios de un flash a punto de estallar de tanto abusar de él.
Y como todo en esta vida tiene un principio y final sin el cual sería imposible concebir el devenir, la puerta se cierra -tras dos muestra más como 12” intermedios: los medleys de Where the streets have no name y Always on my mind- para comenzar una etapa regida por la serenidad y la clama interior; un éxtasis comedido que San juan de la Cruz aceptaría de buen grado al ver entre los títulos de crédito a Jhonny Marr. El eco de los grupos de chicos vociferando, minifaldas de colegialas haciéndole requiebros al viento, fiestas universitarias de final previamente escrito, carreras en coches bajo los efectos de los narcóticos... la vida se marcha tal como la conocían, o por lo menos eso es lo que consiguen transmitir en lo que es sin duda la obra maestra de una discografía que comenzó a resentirse notáblemente durante la segunda mitad de los noventa. Behaviour abraza melancólicamente al oyente –Being Bored, Obviously- incluso en los momentos más reconocibles de su préterita época –So Hard, con un dub mix pinchado en Valencia-. La madurez entra de lleno en un disco que se escucha de principio a fin con una lágrima no por lo vertido sino por lo enraizado en uno mismo de lo narrado bajo esa exacerbación espiritual que es la música. Los pespuntes del ex de los Smiths en My October Symphony ayudan a que no quede lugar a la duda: todo lo ya vivido jamás volverá a ser sentido.

15 de febrero



Eclipse Total

La Unión
Mil Siluetas, Lp
WEA Records, 1984
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Sofisticados y releidos, tecno-populares y clasistas, pop y cristales rotos en mitad de la oscura noche, “hoy como ayer mi victima serás”; el hades particularmente iluminado, breves fragmentos robados al viejo manuscrito nunca hasta entonces revisado, el candelabro deshojando los pétalos de los cirios... cuidada producción seleccionando habilmente los resortes que el consorte amigo había plasmado anteriormente en plásticos multiventas. Pesadez en las manecillas del reloj aletargado siempre en la misma hora, trucos de estudio fisicamente encadenados, paisajes y ciudades invisibles e inimaginables, arboles secos marchitos de tanto cobijar vida en su interior, mapas con indicaciones confusamente reales, páramos donde la rectitud es siempre el camino más corto, escenas de los años veinte entre coristas erroneamente desvestidas; el jardin de las delicias dominando la lectura entrecortadamente predispuesta hasta la llegada del alba, guitarras cristalinas entre riffs oportunamente funky; desiertos donde penosamente la lluvia asoma cada semana al compas de los acordes del desvencijado piano aporreado por el acompañante de turno. No tengas miedo, Boris Vian no nos visitara hoy, ni mañana quizá... de hecho quizá no lo hagá nunca; algún día cenaremos solos ante la mesa preparada para dos, no habrá fieras domesticadas, no, sólo tierna compasión perdida entre los estantes de la biblioteca, morada de tantas aventuras todavía por descubrir..., últimos y rápidos retoques en las avenidas de lujosos boulevares, espejos que no devuelven las miradas; ojos pardos de felinos merodeantes, pactos de sangre entre los habitantes de la penumbra; en medio de las aceras, mujeres bailan tangos cerca de la emisora comercial ajetreando sus chal de marcas desorbitadas; bajos maquinalmente casi secuenciados y claquetas desperdigadas en mitad de los compases, extrema voracidad demasiado compleja para simples paladares. Evidente resulta que los libros le sientan mal en una galleta fotografiada y anverso textual para cuatro seres que deambulan por las afueras de la serenidad orlada a base de citas cultas; la fuerza saturada de una union intrínseca de por naturaleza, pleonasmo o lo mismo es decir un valle teñido de mil siluetas cinceladas durante el ocaso de la realidad que presenciada desde la distancia no hace sino aumentar el valor artístico de un conjunto de retazos musicales que envejecen con la dignidad de las obras bien perfiladas y acabadas; mil siluetas temperamentales de lugubre poetica y acelerado tempo, guiños al incierto futuro solar y a la propagación de termales bolsas de agua condensada, perfectas secuencias - “¿qué dia fue ayer?”-, intervalos breves que hablan de la luna y del avance raudo a traves de unas cámaras que apuntan a los tejados, al murcielago satelite de la noche. Reverberaciones de punteos enmarañados y carraspeos ligeramente ennegrecidos, la union hace la fuerza y los madrileños comandados, ya desde entonces por Rafa, firmaron una de esas joyas olvidadas de pop alambicado en ligero y tenue tecno que hoy todavia consigue conmover; todo ello sin citar, todavia, la historia bajo la luz de la luna que los aupo al olimpo de la nocturnidad parisiense.

8 de febrero



The Last Song

Trisomie 21
Chapter IV, Lp
FACE 16 Records, 1986

mp3: http://www.megaupload.com/?d=IHDB3LSC

En ocasiones la distancia puede ser abismal, extrema para el alcance de cualquier mortal de carne y hueso, como tu y yo, como esos otros que transitan por detrás de este ventanal por el que contemplar el inexorable paso del tiempo en días lluviosos como este que intenta olvidar su pasado, ese que anclado le obliga a dictar el invisible trayecto escrito con indeleble tinta negra en la vida de muchos que como nosotros –tu ahí y yo aquí– intentamos soportar lo indecible, eso indescriptible que algunos lejanos escritores describieron con palabras y conceptos diferentes pero conexos entre sí: spleen, náusea, angustia, nada, desídia, etc. La vida es así en la tierra, o por lo menos así nos ha tocado vivirla; ¿y qué más da cuando queda más bien poco por hacer?
El corredor de fondo ama su calle, la que siente por derecho propio, aquella que nadie desea que los hados le asignen por destino; la más externa al centro del universo, cual anillo dantesco infernal, es la morada más cómoda por intransitada, inaccesible, esquiva y peligrosa. La fuerza se concentra de un modo menor según las leyes físicas a las que quedó adscrita, empero confluyen unas extrañas corrientes circulares en el tiempo que sumergen al habitual trapecista de estos lares en un estado que, si bien no comatoso, si es nocivo por lesivo, y es que los arañazos no son si quiera visibles, no; más allá de los propios límites que el cuerpo establece surgen esas zonas donde se remansa el agua cerebral hasta coagularse en manchas oscuras que perturban el normal desarrollo de las supuestas cotidianas acciones. El resultado viene a ser aquello de hace daño pero no duele.
La lluvia cae con una fuerza descomunal invoca, como envío lejano caido desde ese más allá de los muertos, la aparición de esas charcas ponzoñosas sensoriales en las que sumergirse practicando una insana natación que más que desentumecer recubre de una viscosa gelatina unos músculos que de tan invisbles acabarán por perder su natural función.
Un último grito –exhalación–, externa muestra de exhultante distorsión de una realidad que pasa por pedir –implorar– el cese de la energía que invade esta vía de escape hacía algún extraño paraje donde seguro suena a modo de coda final la selecta carne de esta semana.

1 de Febrero



Night Moves (Night House Mix)

Rickster
Night Moves, 12”
P1 Records, 1988
ogg: http://www.megaupload.com/?d=95QTBH3M


Conseguí superar el miedo a las alturas, esa sensación que me atenazaba y me anclaba al metro cuadrado sobre el que me erguía.
Eso era antes, ahora soy otro, un yo tal que otro referido indirectamente; aquí estoy, tras el cristal de la doble ventana de esta decimotercera altura. Los rascacielos cada vez son más incómodos, largas esperas en los ascensores; eternos ascensos por las escaleras ante las caídas de tensión; excesivos vecinos con los que establecer ese tedioso e inevitable protocolo de actuación diaria.
La ciudad hierve en un caos de luces iridiscentes que si no fuera por los fármacos tranquilizantes ya habrían desencadenado mi controlada e indeseable epilepsia. Pantallas multicolor, tramas de leds centelleando; coches de un lado para otro derrapando, gente apresurada huyendo para encontrarse horas después en su oasis de efímera ilusión.
Y yo ya con ellos, aquí abajo, sobre la jungla de asfalto; habría que empezar de nuevo y deshacer el mundo, asfaltarlo todo para pintar las rayas a nuestro antojo. ¡Mierda, que esto es Nueva York! Aquí no se puede detener nada, todo debe continuar -que no evolucionar-.
Es de noche y todo vuelve a ser normal; las luces bajas, el sonido de los cláxones cual nana en la cuna de la vida infernal, esta es la realidad del diario transitar bajo el manto oscuro de la obscena corriente que poco a poco en aumento va. El culto dionisiáco promovido por Nietzsche en El nacimiento de la tragedia cobra vida en los clubes en donde sin duda mis huesos esta noche irán a parar. La invitación a lo prohibido, las fiestas de Cherry Groove en Fire Island; la luna acariciando a los habituales desviados que apasionadamente recubren sus cuerpos con el líquido dorado que segregan; esta noche no toca acercarse a la playa, me quedaré en la urbe, la patria de los perdidos en mitad de la suntuosa noche.
Me pierdo por los bares para dar con el enemigo; camino a ciegas durante cientos de minutos intenado recordar la sensación de pérdida propia del abandono; estoy tocado, no lo niego, más deseo poder ahogar todas mis penas en los brazos de un algo que me devuelva a la cordura propia de los humanos. No se de que va toda esta historia nocturna, si de Poe o Thoreau, de la búsqueda o del canibalismo homosexual del house sensual; como dije, estoy perdido, tal vez si me acerco a The Sanctuary pueda sentir los latidos del ritmo bajo el sudor colectivo propio de la fiebre sexual. Lo que más echo de menos es la forma de combinar que tenía Grasso, pero que le vamos a hacer, ya no quedan ni las ruinas del Paradise ni el alma de Levan, ya sólo quedo yo avanzando por las desiertas calles de la gran manzana. Body and Soul, los ases de la pista enferma, las noches eternas y la sensación de dejá vu en este cuerpo herido por una estocada mortal.
Abierto el cielo de par en par, contemplo en el espejo de los váteres cual sintomático es mi estado, rasguños y el labio partido en una lucha sin cuartel contra una banda rival. The Loft, Better Days, recuerdos de tiempos mejores de un pasado demasiado reciente.
De repente lo veo todo claro, este no es mi sitio, mi ciudad, mejor emigrar y viajar para encontrar mi estado, paraje en el cual lograr ser yo cual superhombre mortal. Una nueva raza, un nuevo ser, un algo nuevo que cierre las puertas de un pasado en la gran manzana que no ha sido sino pura pesadilla convertida en perversa realidad. La noche y su atractiva y sedosa piel de mujer fatal; la noche se mueve y yo me mareo de pura envidia, cediendo el líquido de mis tímpanos ante tanto ritmo sinuoso y rematadamente celestial.
En mitad de la noche estrellada un rayo resquebraja mis sueños, no es la capital del mundo occidental el mejor lugar para evolucionar; algo se ha metido a presión bajo la partida cara que cuando amanezca nadie me va a mimar. Chicago, esa es la ciudad, la noche eterna será sin duda mejor que en esta megalópolis que me repudia en un puro ejercicio de invocación criminal.