
The Last Song
Trisomie 21
Chapter IV, Lp
FACE 16 Records, 1986
mp3: http://www.megaupload.com/?d=IHDB3LSC
En ocasiones la distancia puede ser abismal, extrema para el alcance de cualquier mortal de carne y hueso, como tu y yo, como esos otros que transitan por detrás de este ventanal por el que contemplar el inexorable paso del tiempo en días lluviosos como este que intenta olvidar su pasado, ese que anclado le obliga a dictar el invisible trayecto escrito con indeleble tinta negra en la vida de muchos que como nosotros –tu ahí y yo aquí– intentamos soportar lo indecible, eso indescriptible que algunos lejanos escritores describieron con palabras y conceptos diferentes pero conexos entre sí: spleen, náusea, angustia, nada, desídia, etc. La vida es así en la tierra, o por lo menos así nos ha tocado vivirla; ¿y qué más da cuando queda más bien poco por hacer?
El corredor de fondo ama su calle, la que siente por derecho propio, aquella que nadie desea que los hados le asignen por destino; la más externa al centro del universo, cual anillo dantesco infernal, es la morada más cómoda por intransitada, inaccesible, esquiva y peligrosa. La fuerza se concentra de un modo menor según las leyes físicas a las que quedó adscrita, empero confluyen unas extrañas corrientes circulares en el tiempo que sumergen al habitual trapecista de estos lares en un estado que, si bien no comatoso, si es nocivo por lesivo, y es que los arañazos no son si quiera visibles, no; más allá de los propios límites que el cuerpo establece surgen esas zonas donde se remansa el agua cerebral hasta coagularse en manchas oscuras que perturban el normal desarrollo de las supuestas cotidianas acciones. El resultado viene a ser aquello de hace daño pero no duele.
La lluvia cae con una fuerza descomunal invoca, como envío lejano caido desde ese más allá de los muertos, la aparición de esas charcas ponzoñosas sensoriales en las que sumergirse practicando una insana natación que más que desentumecer recubre de una viscosa gelatina unos músculos que de tan invisbles acabarán por perder su natural función.
Un último grito –exhalación–, externa muestra de exhultante distorsión de una realidad que pasa por pedir –implorar– el cese de la energía que invade esta vía de escape hacía algún extraño paraje donde seguro suena a modo de coda final la selecta carne de esta semana.
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