27 de Marzo



Tijeras

Lions in Love
Lions in Love, Lp
Dro/G.A.S.A.
MP3:http://www.megaupload.com/?d=LFW7JL1I


La historia del fenómeno Manchester en esta Iberia sumergida entre los restos del naufragio no contó con muchos asiduos en la práctica estilística mancuniana precursora del fenómeno Rave en los albores de los noventa. Una ciudad gris donde se sentaron las bases de un sonido post-punk enhebrado a un funk catatónico y enraizado en una visión por momentos arty. The Durutti Column y A certain Ratio en una orilla desde la que se contemplaba el presente escrito mientras se huye de la muerte: Joy Division-New Order.
Años después, por el 88 y en la misma compañía que editó las obras de Joy Division, Factory Records, dejarían huella indeleble unos gamberros que comenzaron a trazar lo que sería el genuino fenómeno scally asociado a las drogas de diseño y las fiestas interminables en warehouses abandonadas en el extrarradio. La banda de Shaun Ryder, The Happy Mondays, inició con Bummed la concepción de un sonido que devino en movimiento, el cual, unido al hecho en donde se gestaba, adquirió los tintes de escena.
Manchester, Factory Records, The Happy Mondays… y la enésima reencarnación de los Beatles: The Stone Roses. La mecha estaba encendida, tan sólo era cuestión de tiempo el estallido por todo el país: Inspiral Carpets, Soup Dragons, Five Thirty, EMF, Carter USM, James, unos primerizos The Charlatans…

Mientras, Atlántico abajo, en España pareció filtrarse algunas gotas del fenómeno que, en torno al ácido filtrado en estructuras pop, años después verían la luz en forma de aisladas representaciones ciertamente particulares que no hallaron ni el calado ni la uniformidad idiomática. En los inicios del indie patrio, los andaluces Strange Fruit
–liderados por un anglosajón– editaron un disco que pasó tan desapercibido como parecía preverse dada la circunstancia de que la compañía que lo lanzo era, además de muy pequeña, historia de un presente desahuciado, El Colectivo Karma sevillano. No obstante, Follow the Sun pasa por ser uno de los mejores legados en torno a este sonido tan poco trabajado en nuestras tierras.
No muy lejos de allí, en la jienense Linares, se escribieron grandes crónicas en torno al sonido ruidoso y psicodélico que experimentaba una banda de potente presencia escénica, los míticos, en la escena independiente, Automatics. Aunque siempre asentaron su legado sobre muros de sonido, la evolución en la que toda gran banda debe inmiscuirse les llevó a regalar una de esas entregas memorables en torno a un dance-rock no visto hasta la fecha en la piel de toro. Space Rock Melodies, precedido de un EP premonitorio, Ultrasonica, no jugueteaba ni con el funk encubierto de los Happy Mondays ni con el House parsimonioso de los momentos más bailables de la banda de Ian Brown y John Squire, The Stone Roses; sino con un sólido entramado de neopsicodelia que se zambullía en un caramelo repleto de púas propio de la banda de los hermanos Reid, The Jesús & Mary Chain. Lástima que no encontrara continuidad en una carrera que recobró tonos más clásicos y que acabó repentinamente para disgusto de muchos.
Enconados cada vez más en el olvido perpetuo y generalizado, esta revisión comenzó con la beldad pop aunada al baile para evolucionar hacia un pop de guitarras chirriantes enclavadas en una rítmica que coqueteaba con un golpe de bombo metronómico; el siguiente paso en la teoría vino desde las Islas Canarias, a finales de los noventa, con el cual se intentó recuperar el sonido que una década atrás había revolucionado a la sociedad británica. Los tinerfeños Cabeza Borradora dieron forma a un irregular disco, Etiolated, que, no obstante, tenía buenos momentos en una grata comunión entre baile desprejuiciado y sentimiento mancuniano. Como era de esperar, el futuro no contó con ellos ni con muchos otros que por arriesgar obtuvieron lo que tantas veces se logra sin ni tan siquiera jugar una sola baza: la más absoluta indiferencia.
Para cerrar la cuadratura del círculo, la vuelta a las raíces del sonido en cuestión que sembró los pastos del acid jazz: la cadencia groovy del funk, coqueteos con el blues y el pop como sustrato. Esto último no les hizo falta a los incomprendidos Lions in Love, Escuela Basilio en sus inicios tres años antes, una banda que recogía varias nacionalidades e influencias sonoras ricas y diseminadas en un disco de debut desparejo y de difícil escucha por la variedad de registros que albergaba. Disperso cual obra primeriza, mejorable en cuanto a producción, al soul, el funk, el crossover, el reggae, el pop luminoso, el chill… un auténtico cajón desastre que recogía algunas de las mejores perlas que en castellano se han vertido al género que abriría, de un modo tangencial, las puertas a la llegada del acid-jazz británico. Tijeras es una muy buena muestra de que no era necesario una amalgama de instrumentos para sacar la esencia que debe rezumar la pista de baile: cadencia e hipnosis. Estribillos, rítmica encajada, riffs de acompañamiento; un pie en la pista de baile y otro en una concepción pop que llegó a contar incluso con la colaboración de un bonaerense recién llegado a la capital, año noventa y uno, que acabaría siendo el rey de la pista enferma del mítico Deep madrileño: J.L. Magoya.

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