10 de Abril


In this place called nowhere

The It
On top of the World, Lp
Black Market Records/Big Life Records, 1990
Produced by larry heard
MP3:
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Queda lejos la época hegemónica del arte monocromo –blanco, negro, gris o gradaciones entre ellos-; aquella que presuponía un futuro adscrito a una modernidad que no era tal sino un paso adelante en el hito rupturista que la pintura no pudo frenar, pese a los esfuerzos del Expresionismo Abstracto–. Con ello se llegó a una transhistoria donde cabían sin demasiado esfuerzo lienzos monocromos sobre pulcras y desnudas paredes blancas. La era de la modernidad terminó, y con ella el algodón adscrito a los lienzos que Robert Ryman pretendía colar en un presente que motivado contempla la representación cotidiana de la nada. En esta época, iniciada hace ya treinta años, donde la sed se mitiga gracias a la perfilada grifería que los lavabos del museo ofrece, quedan demasiadas paredes por llenar en muchos edificios conquistados falsamente en favor de la sociedad –o pueblo, ya que la historia es difícil de vencer–. La transhumancia desaparece mientras las cámaras digitales apelmazan en infinitesimales reductos cantidades astronómicas de condensadores y resistencias de un carbón arrebatado a una naturaleza que agoniza en una avanzadilla inequívoca que semeja la pared cubierta de lienzos monocromos.
Las bromas de Kirkegaard acerca de los monocromo fueron olvidadas para suerte de algunos galeristas, hecho que constató que el vacío podía tener sentido, y mucho, para una parte de la sociedad capitalista. Y si para distinguir el buen arte del malo es necesario entrenar a la vista, ¿cómo hacerlo de veras ante lienzos dispuestos de un modo donde no asoma la línea del tiempo que conecta la obra con su lugar en la historia? La broma del danés bien se pudiera haber tratado como manifestación encubierta de parte del sentido de su obra –la angustia– ante la no legitimidad de unas prácticas que adquirieron sentido avanzado el siglo pasado. El autodidacta Ryman aproximó la extrema vaciedad hacia una metafísica que no entroncaba para nada con la belleza inexistente en la abstracción; la cual no tiene relación alguna con los monocromo pero que si fuerza –esfuerza– al espectador a poner de su parte en la lectura del relato que se pretende transmitir. Porque, ¿realmente hay algo que transmitir, o simplemente es un ejercicio de la más pura inaneidad?

Si tuviera que integrar en la perfecta galería de monocromos algún tipo de sonido, reuniría a la confusión con parte de la verdad dicha en su día por Larry Heard. En un lugar llamado ninguna parte puede servir de muestra para iluminar el vacío mientras entran de golpe los rayos luminosos sobre los que avanza la música que desde Chicago hicieron The It, proyecto personal de uno de los gurús del house de siempre.

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