
Late Bar
Duran Duran
Planet Hearth, 7”
EMI Records, 1981
MP3: http://www.megaupload.com/?d=ML08Y2KP
Tras mucho vagar henchido del intenso frío invernal, decido guiarme por el instinto en este mar de parpadeantes luces multicolor. Como si de un Flavin tardío todo se tratase, las intermitencias luminosas excitan mi ser presa de un inagotable aféresis erótico.
Las luces no mentían, presagio de un cutre lugar de habitantes sacados de cualquier subproducto televisivo infernal. Sillones de escai, americanas de cuadros, bigotes mal afeitados, conejitas cuarentonas, alcohol aguado, sifones sin gas, sueño postrado en el mostrador, y una barra central sobre la que se agita el cuerpo de una descoyuntada leyenda que conoció tiempos mejores allá durante el reinado de Julio César.
Bombillas de poco consumo, iluminación tenue en rojo prostibulario; ¡ah!, ¿pero entonces donde estamos? Tarjetas empapadas en cocaína, saca donde depositar los nervios; enorme mosca que bate sus alas en este recinto donde el oxígeno se respira en bombonas a crédito.
No se cómo he acabado aquí, otro de mis incontables, e incontrolables, descensos a los círculos concéntricos de la esquizofrenia, esa que se apodera de mí para seducirme con su ignominiosa turbulencia nocturna. Los cuadros sin acabar, impolutos; las facturas acumulándose en una pila presta a ser devorada por las llamas; y semanas sin aparecer por la rulot de mi pareja, el tormento de Angélica.
Los labios de las camareras salpican testosterona, colágeno inyectado en trastiendas por cirujanos licenciados por correo; silicona moldeada por muñones con protuberancias; despojos de la luz diurna se reúnen a diario bajo el techo de este late bar con el fin de mitigar el dolor de una errónea existencia.
Sentado próximo a la barra americana, siento como mi sexo va a explotar en mil pedazos apuntando a la endiablada serpiente que se contorsiona cual ángel invertido en una danza que me recuerda la espasmódica velocidad de la cadera de Angélica. O es que acaso…
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