14 de enero


El silencio de los cisnes

El último sueño
El silencio de los cisnes, 7”
G.A.S.A., 1984
MP3: http://www.megaupload.com/?d=0JLI0B9D

Las luces melodramáticas auguran una mejor segunda parte, tan paradójico como mi ausencia de somnolencia a ciertas horas de la tarde-noche; y es que ya estoy mayor, la edad no pasa en balde y me cobra en cuerpo lo que no alcanza a arañar en la mente. De repente la música inicia la ruptura del silencio sepulcral, ese que en no muchos años bañará mi lugar en no se que parte del infinito. Y hablando de infinito, la súbita melodía empieza a sobreexponer la visión que en mi retina forma el pensamiento de una época que no volverá. La nitidez del recuerdo retuerce el cuello de los cisnes en lo que es una genuina sinfonía descolocada, interferida, impostada y transferida de la oquedad de la memoria al regocijo de mis párpados.
No se ya ni lo que digo, más me valdría pintar sin parar hasta la llegada de la de la guadaña; pero hasta entonces bien puedo esperar contemplando las manos deslizarse por las teclas del piano de la orquesta. Que maravilla; como embebido en éter, el sonido del instrumento se desliza por entre todos nosotros, extáticos de tanta excelsa y prístina belleza.
Sin perder de vista la visión de nuestras almas, me encaramo a la copa del sombrero de mi vecino con ánimo de contemplar el piano; y como no podía tratarse de otra manera, sorprendo a mi sombra junto a la del conspicuo Vostell, otro de esos viejos y difuntos amigos míos, en lo que es su piano sordo-mudo. Como si los ladrillos del muro de Berlín hubiesen sido molidos para suerte de mortero hidráulico, la pasta resultante ha sido vertida en el interior del instrumento con el valiente propósito de no emitir sonido alguno. El ataque de las notas por parte del músico bien puede calificarse de ejercicio de prestidigitación, ventrílocuo de ese inconmensurable regalo que es el sonido de los ángeles.
Anhelando la sensación recién vivida, cierro los ojos y veo al padre del jetismo, el único individuo capaz de beberse el cristal de un vaso de plástico; huero como la sinfonía de la nada, pionero del sonido ambiente, padre del mapa sonoro de climax amputado; o lo que es lo mismo, Cage aporreando mentalmente el piano en la Quinta Avenida rodeado de un séquito, ¡cómo no, Wolf y yo de cuerpo presente!, que espera que pase algo cuando en realidad vuelve a suceder lo mismo de siempre y, como no, de un modo diferente en cada entrega: nada.

No hay comentarios: