31 de diciembre


Broma Musical

Waldo de los Ríos
Mozart in the house, 12”
Hispavox, 1971/1991
MP3:
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La burguesía volvía a estar de cuerpo presente en otro de esos actos de los llamados ineludibles. Una mirada a través del láser de reconocimiento de mi pupila desvela rostros más ajados, menos cabello, más arrugas, cutis estirados, pómulos operados, etc; nada nuevo que sorprenda el destino de sus vidas, ni siquiera el efecto dominó del desplome de Wall Street.
Arquitectos de estudios plagados de estudiantes de últimos cursos; científicos acostumbrados a leerse en prestigiosas editoriales; escritores de las más diversas camadas, directores de medios de comunicación, representantes de los más grandes museos nacionales, banqueros de inimitable tabique nasal judío, presidentes de corporaciones petroleras, e incluso albaceas de suculentas fortunas; y allí, entre todos ellos, un artista de segunda fila, o eso creo yo. ¡Ah!, el Carneige, lugar donde se desatan, comedídamente, los reprimidos instintos del estrato social precursor de la magia de la desaparición. Con sus mejores galas, casi las de diario, se dejan llevar, por una vez, sin importarles lo que pueden pensar el resto. Lógico por otra parte si todos ellos están inmersos en el mismo trance vienés.
El lago de los cisnes, una maravilla de la máxima expresión del austriaco Strauss, seduce, narcotiza, melodiosamente las mentes pensantes de estos sujetos que, hoy, como cada semana, se reúnen para verse, igual de bien que siempre, y decirse exactamente lo mismo desde que iniciaron sus visitas a este templo musical.
A pesar de llevar unas cuantas décadas dando guerra sobre la faz de la Tierra, el Carneige y la música clásica siguen mostrándose, para mí, como un coto privado de caza furtiva de dimes y diretes, mentiras, calumnias y juicios sumarísimos contra todo aquel humano ajeno al círculo social, y vicioso, que estos individuos poseen; la mayoría de ellos insertos, simple y llanamente por el mero hecho de haber nacido. Y allí, entre todos ellos, el campeón, amateur, del mundo de lanzamiento de dardos envenenados, moi, un servidor que vuelve al redil graznando como harían los cisnes de ese lago austriaco, casi ario, que deposita cierta desconfianza sobre la banda sonora de la caída del imperio austro-húngaro.
Tras unas suaves polkas y valses austriacos, llega el momento más esperado de la noche: el intermedio.



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