10 de diciembre



Suicide

Automatics
Cesárea, Lp
Elefant Records, 1994
MP3:
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Perdona Evelyn pero voy a llorar de la emoción. Años sin hacerlo y de repente, dos días seguidos van a convertirme en un sensible elemento mortal –no creo que les valga como explicación, pero es lo único que consigo argumentar–. No sabes cuanto bien me están produciendo estas viandas, me están sirviendo de purificación; seguro que tendrán cierto efecto en algún cuadro que consiga pintar las semanas próximas, o quizá dentro de años –en ocasiones tiendo al autoengaño–.
Ante mí comienzan a barajarse diferentes opciones en torno a la naturaleza de las sensaciones que brotan en mis papilas gustativas. Y con ello se erijen castillos de arena compactos por un agua quizá ¿bíblica?
¿La salsa de los varenikes es de tomate? Tiene que ser tomate por el intenso sabor, ¿no? Un poco ácida tal vez, bueno,para mi desacostumbrado paladar –parece que lo he arreglado al final–.
¿Pero será tomate? ¿De verdad?; sí, me refiero a si puede ser otro ingrediente natural, o si debiera pensar en alguna posibilidad irracional. Piensa mal y acertarás me decía siempre Guerrero cuando llegó a Nueva York de su querida España.
Es una curiosa mezcla que he puesto en práctica ayer mismo para esta ocasión. Son tomates deshidratados empapados en sangre humana
–empalagósamente recita como de memoria Evelyn–.
El labio inferior empieza nerviosamente a temblarme como cuando me retiraron la beca de estudios. ¿Pero no era esta la familia perfecta? ¿A que se dedica el rabino en sus ratos libres? ¿Y yo?, pedazo de estúpido, ¿qué hago sentado aquí con ellos siguiéndoles el juego?
Como por arte de una magia que no existe, del mismo lugar de donde procedía aquel batir de alas, nos alcanza el ensordecedor estruendo de una colisión digna de los últimos días de Pompeya. Absortos en un fino hilillo de caos controlado, nos asomamos como adormilados a la ventana para contemplar lo sucedido. Y yo, sin haberme olvidado de todo lo increíblemente anterior, me tapo los oídos para que el claxon, presionado por el esternón del inevitable cadáver, no perfore mis tímpanos derramando lo mismo que empapaban los tomates de la salsa de los varenikes.
Doy vueltas como una croqueta que rebota ante los límites del precipicio de la cama. Comprimo la almohada junto a mis oídos para mitigar el silbido del maldito despertador que me ha sacado de algún extraño sueño en el que, seguro, aparecía como protagonista. Haga lo que haga siempre busco ser el centro de atención, incluso en aquellas batallas perdidas de antemano.

3 de diciembre


Atomic Lullaby

The Blow Monkeys
Limping for a generation, Lp
RCA, 1984
MP3:
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La verdad sea dicha, el tiempo parece haberse detenido en este remanso que es la casa del rabino Ioel; estancias oscuras, silenciosas, muebles en perpetua quietud, paz en una sola palabra, la de Dios. Y allí, ante mí, sus hijos, Maia e Iosef, ambos de rasgos pristinamente judíos. Y entre todos ellos, y su madre que en la cocina termina de sacar los platos preparados en el día de ayer, yo, preguntándome cual será la razón por la que me habrán invitado si saben, incluso mejor que el que les cuenta esto, que soy poco o nada practicante, y menos creyente. El rumor del batido de alas de una mariposa en las puertas de la morada de Ioel activa el neurocircuito que suscita la reacción en cadena que permite decodificar el mensaje que Ioel me había querido enviar, y yo torpemente no había sabido comprender.
¿Te gustan las burrekas? –pregunta Ioel.
Nada en el mundo podría satisfacerme más que unos buenos pastelillos rellenos de papa y espinaca. De veras, muy agradecido por su invitación.
–me apresuro a responder todo seguido de carrerilla–. Hace ya tiempo que no puedo degustar la auténtica comida preparada al calor del hogar. Ya sabe, mi trabajo, saltando de país en país libando lo más típico y popular de cada uno de ellos. A veces siento poseer alas, pero cuando fijo la vista a mi alrededor compruebo que, milagros a parte, mis anheladas extremidades no son más que parte del fuselaje del avión que me transporta, en clase turista, hacia otro lugar del interminable globo terráqueo presto a destapar el tarro de las esencias del arte puro en manos del más genuino ser impuro que pueda existir en la faz de la tierra.
El tiempo, como dije, parece detenerse, consumirse en las estancias de la casa del rabino. Su mujer semeja tardar una eternidad, lo mismo que su profeta, en llegar al salón con la comida preparada durante la víspera del shabbath. Hoy no tienen más visitas que un servidor, que ya es suficiente, y más si les digo que no he pegado bocado desde los canapés de ayer noche en la inauguración de la exposición de mi buena amiga Agnes Martín.
Ah!, ahí entra Evelyn con las fuentes repletas mostradas cual triunfo. Y el olor, oh!, se clava en el alma, incita al amor. ¡Qué especia!, ¡cuál será la que llevan los varenikes! La cabeza parece desconectar del mundo terrenal cuando crujen, crepitan, los pasteles al iniciar el camino a mi estómago.

...

26 de noviembre


Failures and successes

The Pribata Idaho
Hope, Lp
Elefant Records, 1997
MP3:
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Atravesar las aceras del Village cualquier día entre semana puede resultar complicado, y más si se trata del sábado, día de descanso para los judíos y en absoluto para los neoyorkinos. Aún habiendo transcurrido tantos años desde mi llegada a tierras norteamericanas, cuarenta años en total, me siguen sorpendiendo, como el primer día, las febriles riadas de automóviles horadando el pavimento de la miseria. A veces me pregunto si sería posible un mundo sin autos, y siempre llego a la misma conclusión: ¿podría vivir yo sin mi arte?

Este es un día especial, no uno cualquiera dentro del calendario de visitas; hoy me han invitado a la tradicional comida de celebración del Shabbath, día muy señalado para la comunidad judia a la que pertenezco, pero sin cumplir a rajatabla muchos de los preceptos que guían la vida religiosa. No estoy acostumbrado a estas reuniones –ya saben, lo mío son las congregaciones de falsos humildes artistas ansiosos de devorar su porción de tarta en litigio–, por lo que he tomado buena cuenta de esos detalles que un buen judio practicante espera encontrar en sus invitados. En este caso

Seguro que todo sale bien, serán de lo más comprensivos si cometo algún desliz. Tendré que dejar de lado todas las anécdotas acerca de la mercadotecnia del arte y vicisitudes varias que he de sufrir cada poco tiempo; aparcaré en doble fila mi darkside materno con el objetivo de mostrarme de lo más sociable y locuaz.
El taxi remolonea en exceso para mi gusto; el dominicano que lo conduce parece disfrutar con el sintonizador digital de la radio hasta encontrar una melodía que parece convencerle. Afuera rugen las alturas vomitando la lluvia ácida condensada en las nubes; aquí dentro explotan los timbales de Tito Puente.
El trayecto termina donde comienza el genuino Shabbath, no por mi parte claro, ya que el rabino de mi sinagoga parece ser el perfecto anfitrión, razón por la que me espera a la puerta de su casa, ansioso de conocer, según palabras suyas llegadas a mí, a un auténtico pintor y escultor.

Sorprendido negativamente por mi llegada en automóvil, me saluda:
- Shalom. ¿Cómo está el artista? –pregunta.
- Pues no lo se, de haberlo sabido hubiera venido con Jesucristo –le respondo mientras su rostro se descompone–.

¡Ahhg!, craso y definitivo error. Espero que valore la tortura de Tito Puente al no venir a pie.
...

19 de noviembre


Twilight world

Holger Czukay, Jah Wobble, Jaki Liebzeit
How much are they?, 12”
LD Records, 1990
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Comprendo perfectamente que a veces se sientan confundidos ante los hechos que, en estas entregas, parecen avanzar o retroceder en el tiempo; también estoy de acuerdo en que, por momentos, encuentren dificultades para ubicar espacialmente el transcurso de la acción. En ocasiones les narro mis peripecias en el Nueva York de los sesenta, hecho que, como muchos ya habrán especulado, y acertádamente, define meridiánamente bien mi edad. Sin embargo, en otras me sumerjo en relatos remótamente alejados de los anteriores, pero se trata de algo natural debido a mi profesión de artista consagrado en el panorama de la independencia artística. Algunas veces todo sucede, incluso los viajes, en la vigilia del sueño que adormece mis torturadas neuronas. Es en esa zona franca aparecen muchos de los fantasmas que pululan, en carne y hueso, por la realidad de mis, y vuestros, días, alimentando la fantasía tan ausente luego en mis grandes lienzos tan parcos en palabras.
Como les digo… un momento que suena el teléfono… es mi agente, les tengo que dejar, algo pasa en el Whitney.

12 de noviembre


Scare some life into me

B-Movie
Nowhere girl, 7”
London Records, 1982
MP3:
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Hacía ya algún tiempo que no se inauguraba una exposición en torno a esas creaciones artísticas que me sirven tanto de sustento económico como de bálsamo emocional. El emplazamiento escogido no ha podido ser más acertado, una iglesia en desuso sirve de perfecto abrigo a un buen número de esculturas en metal de mi exitosa serie ‘peligro en la vida diaria’.
Camino entre las obras y pienso en los títulos que poseen, y en lo dura que ha sido la vida, ya desde la infancia, hasta llegar aquí; y como en aquel truco de magia en el que un cochecito se detenía, misteriosamente, sobre la carta seleccionada, alcanzo la escultura de los lápices revestidos de clavos. Por un algo inextricable, ese coche avanza por el túnel del tiempo hasta revivir el día en que mi padre , yo bien zagal, me regaló una caja de lápices que destacaban por estar profusamente astillados, hecho que complicaba en exceso la naturaleza para la que habían sido concebidos: ¿escribir? Un ¿precioso?, y preciso, envenado presente por parte de un padre, que no era tal, que vino a intentar ocupar el lugar que el verdadero, al que veneraba, dejó víctima de las malas artes de una madre, la mía, que nunca deseó que yo llegara al mundo.

5 de noviembre




Pull the sucker off


Fine Young Cannibals

She drives me crazy, 7”

London Records, 1988

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El poco tiempo libre que poseo lo dedico, en las más de las ocasiones, a preparar deliciosas, como dirían los queridos oriundos de la capital del reino del arte, delicatessen. La cocina me relaja tanto como apasiona, y todo por la complicidad que se establece con la materia prima; el resultado, como en el arte, flirtea por esa delgada y quebradiza línea que une el éxito con el fracaso; quizá esa sea otra razón por la que congenio a las mil maravillas con la praxis culinaria, inagotable fuente de placer.

Algo obviado en las inauguraciones de las exposiciones es la parte referente al catering, o como dirían aquellos otros, los canapés. No confundir, por favor, con el mueble, sino con la forma en que los pequeños bocados se presentan en esas demostraciones de que el arte es tan burgués como elitista, y con ello siempre unido a la clase dominante, la ostentosa poseedora de la mayor parte de la riqueza.

Más allá de todo ello, la parafernalia se desinfla al decorar el producto con meras comparsas, puro fuego de artificio a base de exóticas especias, colorantes, flores comestibles del trópico, extractos selváticos… al final ya no sabe si uno contempla el arte abstracto o lo devora. Pero hasta arribar el barco a puerto, a la mesa, o a la pared de la galería, la obra sufre infinidad de estudios físico-químicos; la compatibilidad del pigmento con la resina, la temperatura de cocción, la deshidratación de las verduras, la disposición de las pinceladas, la conservación de las frutas escarchadas; el éter vaporoso cual campo de color diluido en el taller de la gran manzana del judío emigrante Rothko; el graffiti de huevo y tinta de calamar, los paños calientes del segoviano Andrés Vicente produciendo la sensación de un difuso y persistente movimiento nervioso; la tortilla agasajada con su propia fécula y exenta de huevo…

Me duele la cabeza y quizá no se deba al arroz con oreja servido en cazuela de barro, justo al dente, en Can Toni, sino a la náusea de haber perdido el enésimo tren hacia Kassel, otro año más.


28 de octubre


Dance your ass off (take outs)


R.T.Z.

Dance your ass off, 12”

Max Music, 1991

MP3: http://www.megaupload.com/?d=OFZSSAT1


El recuerdo de los inicios me devuelve el verdadero valor de lo logrado, parte de ese inasible abstracto supremo que es el cielo, lugar con el que soñar tras haber expiado los pecados llevados a cabo en el tránsito de una, falsamente, agitada e interesante vida; o el tránsito hacia la resignación, perdón, madurez, obtenida entre la rocosa ferocidad del invierno por pequeñas capitales de estado. De aquí para allá en un perpetuo transitar que me hace sopesar el precio pagado por tan poca recompensa. Sucumbir al ostracismo y olvido de la academia del arte nos es más que otro pequeño gran logro en una interminable hoja de servicios que denota la dureza de la piel, caparazón tras el que cobijarse ante los ataques, que desde mi propia profesión, los muchos envidiosos vienen a propinarme con una sorprendente destreza.

Pero conmigo no podrán ya que mi hercúlea fuerza lo arrasa todo: series litográficas de 500 unidades, serigráficas del orden de 400 y tiradas en vídeo de 100.

El ensordecedor sonido del dólar en la caja registradora obscenamente me seduce de un modo que me hace recuperar del olvido antiguas planchas con las que vencer la resistencia del tórculo, forzar su lamento ante tanto trabajo inmisericorde. Y yo, desde una esquina, leyendo tranquilamente el Frankfurter, controlo con el rabillo del ojo, todo el proceso de trabajo; o bien algún ayudante mío, becario en prácticas cedido por el college, deseoso de descubrir mucha de la esencia del arte en la era de la reproductibilidad técnica.

22 de octubre


Acuareales, espirales y elefantes

Silvania
Paisaje III, Lp
Elefant Records, 1994
MP3: http://www.megaupload.com/?d=IB2QCIR0


Una pesadilla tiñe de azul ultramar el remanso de paz en el que sumido estaba hasta que apareció una bicéfala criatura curiosa mezcla entre Angélica y el demonio. Una sinfonía monótona recorre los pasillos por donde transita la caricatura de algún enemigo acérrimo, pintor en exclusiva para la galería de Iris Clert, ansioso de estamparme, de cuajo, la sentencia que dicte, al fin, el éxito de mi siempre, en despegue, carrera artística.
De súbito un cepo ancla mi pie al suelo, yermo cultivo, de mi húmeda habitación; la cama se retuerce y me escapo por su envés, hoja afilada que acaricia mi rostro herido de viruelas imperecederas.

Un accidente en la calle hace subir los decibelios hasta que explota la vidriosa telilla que separa el sueño de la realidad. Un perro se ha colado
-¿cómo?- en la galería en la cual duermo y trabajo hasta que encuentre sustento con el que pagar la cuota mensual del alquiler. El cánido se entretiene mordiendo mi pezuña como en busca del Santo Grial. Fijo la mirada en su entrecejo y atisbo la sensación de haber convivido con él en alguna otra parte, un otre place tan remoto como abstracto.
Es este lugar realizo mi trabajo, que como norma general, se trata de copiar sin resultar evidente. Ésta vez, sin embargo, resulta complejo, hecho que no me debe asustar, ya que se trata de reinventar el espacio inmaterial de Ives Klein; o lo que es lo mismo, apartar la espiritualidad del cuerpo artístico occidental para concretarlo en torno al pneuma, soplo o respiración en una época donde el aire se muestra más contaminado que nunca. Para ello quizá deba encomendarme a Santa Teresa, o, mejor, a L’air et les songes de Bachelard, lo cual me devolverá al vacío como materia fundadora de mis pesadillas, esas que teñidas en IKB me acercan al desplome en un valle que no es sino el mar.

15 de octubre


I’m deranged


David Bowie

B.S.O. Lost Highway, Lp

Fontana Interscope, 1997

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Entré en mi mundo a través del oído medio del algún humano que perdió los nervios y vióse embarcado en un viaje del que no pudo salir más que a través de la muerte. Algo debió perderse por el camino para que pudiera acceder a la ventana desde la que contemplo mis más recientes acciones, junto a otras de un pasado erosionado; el modo en que se hilvanan, la manera de entrecruzarse, de unir cabos aparentemente inconexos entre sí.

Me pierdo por las vías de acceso a mi conciencia, y, lógicamente, preso por mi cuerpo, no intento zafarme de dicha rémora ya que transito por una zona invisible, la de la tela de araña onírica.

Me encuentro con todos mis antiguos ideales, hoy puro y vago recuerdo. Logró entreverlos entre el resto de misiones a cumplir en la vida, la de ahí fuera y no esta subliminal fuente de inspiración, expiación de muchos de mis pecados capitales infringidos durante toda mi carrera artística. Tantos para tan poco tiempo, el de las horas de sueño robadas a la realidad.

No quiero regresar, me gustaría permanecer por siempre aquí recluido, prisionero de mis lamentos y anhelos, miedos y temores de una vida supeditada al logro de un objetivo luego endemoniada carga de conciencia:

la fama.

8 de octubre


Manhattan


Morente & Lagartija Nick

Omega, Lp

El europeo música, 1996

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Tras pasar todo el día en la playa, los brazos no sienten la verdadera identidad con la que fueron concebidos, esto es, salvar al arte de la mediocridad imperante. Si las paredes del museo del monocromo se muestran colmadas cuales alacenas rurales, es gracias a la fuerza que mis brazos pueden albergar empuñando los pinceles cuales arrojadizas armas de destrucción masiva.

Long Island es un páramo donde descansar de la violencia de la urbe indómita, Manhattan, esa que ruge y se hiere mortalmente mientras sus integrantes se desangran en las más rutinarias tareas aprendidas en la cadena de montaje de la vida.

La combinación de arena en caliente explosión y agua frescamente límpida restaña los pecados veniales que cualquier prócer pintor puede cometer en la manera de entender el por qué y para qué vital. Mientras, uno sopesa la cantidad a ubicar en la balanza, las colchonetas inflables pueblan el horizonte violado por la intensidad desmesurada de los ultravioletas surgidos del astro rey. La fuerza y energía, que los artistas intentamos secuestrar durante las interminables horas que pueden transcurrir a lo largo de las eternas jornadas de trabajo, no semejan, ni por asomo, a la inyectada a la Tierra por tal lejano asteroide. Esa es la realidad imperante, por mucho que nos empeñemos nunca seremos bastante.

1 de octubre


Treasure

Love Genes Jezebel
The house of dolls, Lp
Beggars Banquet, 1987
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Las fotos de los hijos de los amigos de Loretta Lux me han distraído de la verdadera protagonista de este momento que va a consumirse justo cuando lo empiece a saborear; y qué más da si al final seguro que acaba mal.
Lo que apunta hacia el estrellato es el regalo que trae entre manos la protagonista vamp de esta película en technicolor que es mi vida narrada en primera persona a través del mundo tecno-digital. Seguro que no podrán hacerse a la idea como huele a aceite la estancia, y todo por el envoltorio que ha escogido para recordarme que llevamos un año juntos en la gloria del infierno.
En ocasiones me adelanto tanto a los acontecimientos que debo deshacer mis pasos horadados en la realidad de lo escrito. Y es que lo importante no recala en el continente sino en el contenido, objeto de disfrute, seguro, ahora que ella comienza a trepanar el papel que cobija a… una mítica Leica del 67, la misma que portaron Siskind, Steiglitz o Steichen. Esta mujer casi siempre es capaz de lo peor, pero algunas veces, pocas, resulta ser caída del mismo cielo en el que, a buen seguro, no se halla Napoleón.
Lo que no alcanzo a entender es quién le habrá asesorado para que haya comprado tan preciado objeto, ya que su coeficiente no dista mucho del de un ofidio. Lo desconozco por completo, tal vez tenga otro amante enclaustrado en el congelador de su caravana. Ha logrado leer a la perfección mi voluntad entre las brumas de mis pensamientos en torno a la práctica fotográfica.
Lo que ande buscando con tal presente no llego a vislumbrarlo, aunque sus dotes de actriz de Serie B le confieren el porte necesario para ser la heroína de una serie de instantes detenidos robados a traición de una futura serie de películas imaginarias. Y si como de una Cindy Sherman se tratase, explotaría los múltiples roles en los que la mujer se ha visto inmersa, sin tan siquiera solicitarlos, desde tiempos inmemoriables. Angélica embutida en su traje de lamé tumbada en una cama que la visto ejercer la profesión más antigua de la humanidad; de rodillas enfurecida recogiendo los restos de la compra caída al suelo; subida a la escalera alcanzando un libro de una librería; inocentemente vestida esperando el autobús a la salida de una curva; contemplándose frente al espejo cubierta por una toalla; sorprendida por la lluvia en la noche y lista para una cita a ciegas; recostada en la tumbona tranquilamente tomando el sol; de negro sintiendo el luto de la viudedad… pero siempre adoleciendo de la clase que le sobraba a Sherman en esos Still Films de películas irrealizadas que poseían la carga propia del affiche publicitario.

25 de septiembre


I send to you my blues

Manta Ray
Manta Ray, Lp
Subterfuge records, 1995

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Al aparecer por la puerta del loft con un pequeño paquetito envuelto en el mismo papel en el que sirven las patatas fritas, pensé lo mismo que llevo haciendo desde el día siguiente a conocer a Angélica: ¿qué hecho yo para merecer esto? ¿Cómo convive con esa falta de clase que tanto me disgusta y asusta?; zapatos con tacones rotos, mondadientes en ristra, pasión por la comida de lata y la añada de vino a granel más barato del supermercado de la esquina, esa que antaño frecuentaba. ¿Qué extraño vínculo me ase a ella?, se preguntarán ustedes. Si lo supiera ya hubiera respondido, pero la vida es tan extraña como andar despistado por un castillo de Lisboa y reconocer el paso del tiempo en las arrugas de una historia de inocencia secuestrada.
Esa misma belleza deudora de la mejor infancia la muestra, a color, las instantáneas perfectamente compuestas de Loretta Lux, modesta partidista de la mejor tecnología en el retoque digital. Como si del mismo cirujano plástico de Orlane se tratara, la fotógrafa detiene el tiempo para robarle a la eternidad aquello que aquel chico triste y solitario definió como una décima de segundo, latido infinitesimal de la brevedad de la verdad. Los infantes de sus retratos saltan a mi rostro a través de los sentidos, pero es mi alma la que consigue percibir sus pequeños grititos a través de las capas que los programas de retoque fotográfico han interpuesto entre sus poses y el azul de la superficie que ampara la correcta irrealidad de fondo. De las capturas impresas en la revista emana un halo imperceptible a la mayoría de mortales, y es en ese tránsito dentro-fuera donde se halla el resultado de desplazar el candor de la mirada infantil hacia el paradero de la tristeza del vacío en la pared. Tras ellos surge una inane pregunta, ¿será verdad lo que alcanzo a imaginar?

18 de septiembre


Your ghost (featuring Michael Stipe)

Kristin Hersch
Hips and makers, Lp
Reprise/WEA, 1994
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… que aquella blonde redhead que recreó en mi interior la Kristallnacht a modo de juego perverso con el que hundirme en el mar de lágrimas que de mí brotaban, manaban, hasta secar por completo el valle de mi corazón ahora desierto.
Pero eso fue hace demasiado, como la última exposición en un museo estatal que tuve; ¡por Dios!, a ver si mi agente se entera por donde van los tiros del mercado y me entrega en mano la solución a la crisis de ventas en que parezco haber sucumbido. Tanta carne, tanta selección, tanta presión por parte del mercado va a hacer de mi método de trabajo una historia válida para el museo de antropología, lugar que no deseo visitar ni tan siquiera como mero espectador.
Parte de la razón de mi sequía creativa, esa que aparece tan pronto como desaparece, se debe a la violación emocional que Angélica me propugna cada vez que me secuestra en la alcoba de su caravana; esa cama con vistas al cielo no es más que el potro de tortura donde las cortinas rojas de mi cerebro empiezan a desteñir el ocaso de la sociedad, empezando por un servidor que sabe lo mucho que se padece en los balcones sin vista alguna en los que contemplar la muerte en vida al cobijo de las cuatro ruedas de la varada caravana de mi amante.
Angélica no suele tantear la realidad en el Meatpacking, de hecho creo imaginar su ignorancia al respecto de donde reposa el nuevo talento artístico, eso que en la boca de mi vieja amiga selectora de carnes selectas vendría a ser el arte emergente. Cuando salí de la ciénaga en la que quede atrapado me encasillaron en la emergente emergencia; una sirena aullando sin parar vamos. Y ahora que en el puzzle casan muchas de las piezas del juego de la vida, solo falta entender el por qué de las paredes vacías en el museo de arte moderno de Nueva York, el por qué del ansia de llenar el vacío, de explicar la decadencia cuando ésta puede ser un fin en sí mismo.

11 de septiembre


Without Words (basic mix)

Assyrian
Without Words, 12”
Vox Populi, 1991
MP3:
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Bajo la mirada de un sol benévolo, y de una salina capa de azul transparente, leo una edición atrasada del Frankfurter Allgemeine con la tranquilidad propia del que ha logrado parte de sus objetivos vitales. Como si el dolor propio de otra época hubiera desaparecido, mi cuerpo responde a los impulsos que mi mente le envía ya que, lentamente, paso las hojas de la extensa edición dominical; es lo que tienen los envíos internacionales, un excesivo retraso que hace de la actualidad pasto del recuerdo, más no supone trauma alguno ya que me permite encontrarme con mi Muttersprache, lengua madre la de este exiliado artista en los EE.UU.
La sección de cultura aparece amigablemente entre mis dedos genuinamente impresa con algunos caracteres propios del alemán no actualizado. Y que más da si se puede entender a la perfección, esa misma que me exigen cada día que inicio un cuadro, modelo una escultura o parto en dos el melón en litigio del arte conceptual. A mí si que pueden exprimirme, como si de un cítrico seleccionado se tratase, mientras que las ediciones más prestigiosas adolecen de la autocrítica necesaria para avanzar hacia el logro del objetivo de la perfección, ideal platónico recreable mediante subterfugios y juegos de azar, funambulistas y oradores, vendedores y asesores de imagen, estilistas y curadores, agentes de bolsa y decoradores, licenciados en marketing y personal de recursos humanos, analistas de gráficos y ejecutivos de grandes cuentas…
Los pulmones se me congestionan por el abuso del aerógrafo en el estudio, aunque también leer sobre la basura reinante en el mundo me deja sin palabras.
El acierto del Frankfurter es la cantidad de información que acoge; como la referente al nombramiento de una antigua compañera de batallas sexuales como selectora de carnes selectas, nada más y nada menos…

4 de septiembre


James Brown is dead (out takes)

L.A. Style
James Brown is dead (remix), 12”
ZYX, 1990
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Las segundas residencias se muestran, las más de las veces, desprovistas de los elementos necesarios para crear un clima interior acorde a los sentimientos que uno más valora, añora o ensalza. La mía, en Conney Island, distando mucho de ser perfecta, cumple con los principios básicos de habitabilidad, confort y personalidad. Lejos del mimbre de los muebles de segunda mano, del estridente escai del sofá, de la teñida cubertería de alpaca, de los estampados del hule, los juegos de vasos rayados y ventanas sin cortinasm siento las desnudas paredes reflejar mis sentimientos, devolverme todo lo que suspiro y deseo. Sin barroquismos ni reduccionismo zen, los muros medianeros anclan al habitáculo la esencia de lo que me permite vivir.
El balcón, orientado al oeste para ver como el sol hunde su cuerpo celeste sobre el manto de agua salina, me regala lo que es una edénica vista. La playa y su arena de finas conchas trituradas, galleta picada presta a rebozar los tersos cuerpos que pueblan este inmejorable emplazamiento.
El campo, otro refugio interior, sedujo a Agnes Martin de un modo lineal, geométrica disposición de paralelas auscultando el movimiento de las copas arbóreas; la extraña conjunción de tierra y mar, elementos dos ellos, me incitan a que retome la práctica de la representación pictórica plana con el fin de devolver a la Tierra todo lo que ella me ha dado.
Salgo del balcón y enciendo el receptor superheterodino; muevo el dial y detengo la sintonía en un punto donde el padrino del Soul despliega su genuino talento vocal. Las gaviotas vuelan bajo aproximándose a la bahía; el eco del ulular de unas sirenas, y vaticino que ya nada volverá a ser lo mismo.

28 de agosto


A veces el campo

Danza Invisible
Maratón, Mini-Lp
Ariola, 1985
MP3:
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Como experiencia iniciática o fuente de inspiración, desde los albores de mi vida el viaje ha estado presente. Y como fruto, la realidad de mi persona, materia corpórea seducida por el misterioso influjo de la gravedad lunar. Su luz, iridiscentemente mate bajo el manto estelar, me instruye en los pasos correctos a dar por el estrecho sendero que imagino para llegar al mar, meta final de todo cauce fluvial.
Cual ideograma pictórico propio de Gottlieb, los cuadernos de luz secuestrados al impasible paso del tiempo se almacenan en la retina de mi memoria visual con el fin de acompañarme por los sueños en que transite. Ora despierto, ora dormido, la vigilia aúna las vivencias de mi experiencia sensorial. Bambú, algarrobos, higueras, cactus… la pérgola me protege del inmisericorde azote solar. Rodeado de naturaleza quizá sea más fácil buscar la razón por la que volver a crear, recuperar el pulso perdido tras unas fatídicas noches en el hospital, reuniones con alcohólicos anónimos, préstamos a la vida vía nasal, amargos largos tragos con sabor a derrota; tras la tormenta, tempestad, el tenue transcurrir del tiempo sin más. Brisa a cámara lenta, susurros de calor reverberante, la percepción de la décima de segundo, unos labios que se acercan y el filón de la enésima cortina rasgada. Quietud y paroxismo en blanco y negro, variaciones desde un punto de vista distinto; ácidos, bases y piletas químicas, luz roja permanente, gelatina de plata; un bañista desde un trampolín se lanza y la contorsión captada por Siskind se aproxima a mi alma.

21 de agosto


Hotel d’amour

Bobby Trafalgar
Album sampler, 12”
Paper Records, 1999
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Disfrutando del Martini Bianco, aceituna incluida de rigor, cambio el canal, con ello la frecuencia de recepción, de una televisión que sólo escupe errores del progreso occidental. Naufragios en alta mar, disentería, hambruna, trata de blancas, explotación infantil, etc… y como de un atlante ávido de rescate tras bracear perdido en alta mar, sucumbo ante la tentación de olvidar los pequeños problemillas ajenos para concentrarme profundamente en los míos. Las medidas de los bastidores, la mezcla adecuada de cola, esmalte y arena, la disposición inmaculada de la materia sobre el lienzo; si éste de lino o algodón, el número de capas a provenir, la gama de colores a emplear; la combinación de éstos, etc…
La llamada de la muerte catódica no tiene porque entorpecer mi tránsito hacia una nueva gloria económica; mi galerista estima unos suculentos beneficios, obligándome por ello a pintar doce piezas en un tiempo record. Dada la simplicidad formal de las obras en cuestión, sería capaz de pintar tantos como me pidiera siempre que adjuntara el talón cada mañana que se acercase, guiada por su victoriano chófer, a mi estudio con el fin de contemplar la evolución de los cuadros del pintor cuyo alma espera en el purgatorio con la etiqueta del precio por la que fue vendida.

14 de agosto


Nowhere Land (acoustic mix)

Diesel
Nowhere Land, 12”
Pop! Factory, 1990
MP3:
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Betty Parsons hubiera disfrutado con el montaje de la nueva exposición en el museo del monocromo, pero como tiene el vicio de no dormir y el don de la ubicuidad, el mundo repara en ella tanto como la miseria en la soledad. Vagabundeando por las desiertas salas, amontonados los portes cuales piedras de Beyus, lo vacío del espacio atestigua lo despoblada de espíritu que está la sociedad. Cierta melancolía se apodera de mi ser mientras cruzo el umbral de la sala principal, aquella donde los nenúfares de Monet reposarían oxigenando el agua y purificando con ello la estancia. Oigo la aguja del gráfico sensor de humedad; un insecto sobrevuela la sala; una gota cede de mi ojo venciendo al suelo; elevo el rostro y contemplo ante mi la verdad oculta de la inmensidad de la pared desnuda, blanca, pálida, plena de una endémica enfermedad mortal, sonando en ella el pálpito extraño de la fusión terminal de la vida y muerte sin más. Se trata de un campo de color infinito, de extremos inasibles, que provoca, como Pollock dijera, un genuino e individual enfrentamiento.

7 de agosto


Das Geschenk

Tocotronic
K.O.O.K., Lp
Universal/Polygram, 1999
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La representación social del más puro sentimiento latente viene a lograrse mediante la justa y ecuánime mezcla de elementos tales como cola y arena; sustrato alguno que corporeice la base sobre la que reposan los seres humanos, hasta que la vida fuera de la Tierra sea posible. Mientras, seguiré indagando acerca del cómo y, sobre todo, del por qué la actitud deviene en objeto representacional de mis futuros gigantes lienzos. Sin un bastidor al uso como gestellt, comienzan a articularse las capas de materia depositada de un modo más o menos uniforme, regularmente dispuestas a modo de metáfora con la que suplantar el general comportamiento humano. Desprovisto éste de una verdadera conciencia que permita la evolución hacia zonas superiores, queda sólo el continuo transitar guiado por una nada desconsoladora, vacío instaurado como eje vertebrador de una vida sin sentido. Trayectos sin dirección, regueros de pérdidas construidos día a día, levantados metro a metro, segundo a segundo, sin percibir el momento robado a un más acá asolado por la falta de un aparente enlace demiúrgico: principios.

30 de julio


A Flock of Seagulls

Over the border
Listen, Lp
Jive, 1983
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Entré en mi mundo a través del oído medio del algún humano que perdió los nervios y vióse embarcado en un viaje del que no pudo salir más que a través de la muerte. Algo debió perderse por el camino para que pudiera acceder a la ventana desde la que contemplo mis más recientes acciones junto a otras de un pasado erosionado; el modo en que se hilvanan, la manera de entrecruzarse, de unir cabos aparentemente inconexos entre sí.
Me pierdo por las vías de acceso a mi conciencia, y lógicamente preso por mi cuerpo, no intento zafarme de dicha rémora ya que transito por una zona invisible, tela de araña onírica.
Me encuentro con todos mis antiguos ideales, hoy puro y vago recuerdo. Logro entreverlos de entre el resto de misiones a cumplir en la vida; la de ahí fuera y no esta subliminal fuente de inspiración, expiación de muchos de pecados capitales infringidos durante toda mi carrera artística. Tantos para tan poco tiempo, el de las horas de sueño robadas a la realidad. No quiero regresar, me gustaría permanecer por siempre aquí recluido, prisionero de mis lamentos y anhelos, miedos y temores de una vida supeditada al logro de un objetivo luego endemoniado cargo de conciencia: la fama.

23 de julio


tom’s diner (a capella)

Suzanne vega
tom's diner, 7”
A&M Records, 1987
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La agenda de eventos semanal ha caído en la cuenta de la obligatoriedad que resulta ser la visita al museo del monocromo. Más vale rectificar tarde que nunca; más teniendo en cuenta el valor que le conceden las personas a este tipo de publicaciones, ya que les evita confrontarse ante su voluntad. La corrección llevada a cabo por los editores supone internarse de lleno en el estrato social de una clase media anhelante de sentir aprovechar su tiempo a la par que su piel se aja sin emociones que llevarse para sus adentros.
Yo, en el fondo, tampoco iba a diferir tanto del resto de comunes mortales, esos que se postran ante mis lienzos sintiendo envidia por la vida que supuestamente ellos piensan que gozo. Las huellas dactilares, impregnadas en la oscura tinta del suplemento al que suscrito estoy, revelan el paso del tiempo; semanalmente, sigiloso alcanza el buzón de mi espacio residencial con el fin de atestiguar el giro de la Tierra, el aumento de los niveles de CO2, la muerte de alguna mujer indefensa, etc; la vida misma acaeciendo.
Todo sigue igual allí afuera, eso es lo que descifran mis negras huellas dactilares mientras degusto un sabroso y calórico almuerzo; la existencia de un mundo allende mi burbuja, esa en la que, las menos de las veces, magníficamente instaurado me siento tras correr delante de las cargas policiales o de lanzar piedras en pacifistas manifestaciones en pro del fin de la violencia. La vida es así, cuanto más reniega uno de algo al final acaba siendo el gurú de sus antaño fuentes de condena.

15 de julio


Late Bar

Duran Duran
Planet Hearth, 7”
EMI Records, 1981
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Tras mucho vagar henchido del intenso frío invernal, decido guiarme por el instinto en este mar de parpadeantes luces multicolor. Como si de un Flavin tardío todo se tratase, las intermitencias luminosas excitan mi ser presa de un inagotable aféresis erótico.
Las luces no mentían, presagio de un cutre lugar de habitantes sacados de cualquier subproducto televisivo infernal. Sillones de escai, americanas de cuadros, bigotes mal afeitados, conejitas cuarentonas, alcohol aguado, sifones sin gas, sueño postrado en el mostrador, y una barra central sobre la que se agita el cuerpo de una descoyuntada leyenda que conoció tiempos mejores allá durante el reinado de Julio César.
Bombillas de poco consumo, iluminación tenue en rojo prostibulario; ¡ah!, ¿pero entonces donde estamos? Tarjetas empapadas en cocaína, saca donde depositar los nervios; enorme mosca que bate sus alas en este recinto donde el oxígeno se respira en bombonas a crédito.
No se cómo he acabado aquí, otro de mis incontables, e incontrolables, descensos a los círculos concéntricos de la esquizofrenia, esa que se apodera de mí para seducirme con su ignominiosa turbulencia nocturna. Los cuadros sin acabar, impolutos; las facturas acumulándose en una pila presta a ser devorada por las llamas; y semanas sin aparecer por la rulot de mi pareja, el tormento de Angélica.
Los labios de las camareras salpican testosterona, colágeno inyectado en trastiendas por cirujanos licenciados por correo; silicona moldeada por muñones con protuberancias; despojos de la luz diurna se reúnen a diario bajo el techo de este late bar con el fin de mitigar el dolor de una errónea existencia.
Sentado próximo a la barra americana, siento como mi sexo va a explotar en mil pedazos apuntando a la endiablada serpiente que se contorsiona cual ángel invertido en una danza que me recuerda la espasmódica velocidad de la cadera de Angélica. O es que acaso…

8 de julio


Siempre hay esperanza

Sade
Stronger than pride, Lp
Epic Records, 1988
MP3: http://www.megaupload.com/?d=SR4N64O4

Los nubarrones augurando una inminente descarga no podían encontrar relación maligna alguna con la humedad reinante en mi sexo, hecho que me hizo reflexionar en torno a las causas de tan placentero asunto.
La causante vino a ser la misma que puebla y aterra mis pesadillas, Angélica; el rostro, ora áspid ora vulgar stripper en un bar de barra americana, que puebla los más oscuros lugares de ese inconsciente que unas veces me transporta hacia el páramo sexual, y otras explosiona ubicando las manchas de color sobre el bastidor que un octogenario sueco está dispuesto a comprar con el dinero ganado explotando a jóvenes licenciados poco doctos en la vida.
Las piernas de Angélica atrapando la llave del placer, cerrando la compuerta hidráulica de inserción eréctil; su lengua, contorsionista indócil, capaz de anudar el esperma extrayendo el mapa genético de él. Húmedas proyecciones a 24 fotogramas de alto voltaje erótico que me recuerdan los pasos a deshacer con tal de volver a inyectar el falo por el orificio nasal de la odiosa reina del sexo extremo. Humillarme, como tantas otras veces; implorar una rendición anticipada por ambos consabida; si algo odio más que a ella es a mí falta de valor para quebrantar el vínculo invisible por el que me tiene asido. Reptar como un saurio ansioso de una luz que en pocas ocasiones consigo atisbar, esa que allana mi trabajo, sublimación del color dispuesto en capas ordenadas lacadas con la misma materia que se interpone entre los cuerpos de mis oníricas perversiones sexuales: látex.

1 de julio


New York Express

Hard-Headed (Armand Van Helden)
UMM 148, 12”
UMM (under license from Strictly Rhythm), 1994
MP3:
http://www.megaupload.com/?d=IRJ77BVG

Tras una primavera tan llena de fracasos económicos como artísticos, las aguas vuelven a su cauce, aquel que nunca debieron abandonar, el del dinero fácil gracias a encargos sin rostro sobre los que poder depositar esa mercancía incapaz de colocar a compradores nacionales. Es lo que tienen los nuevos ricos, una desaforada facilidad para confundir capital con calidad; y ahí estoy yo, mandando a mis ayudantes usar el tampón para firmar otra interminable serie de litografías. De todo el material que soy capaz de generar, sin duda alguna, la obra gráfica es la que mayor beneficio me reporta, y, por supuesto, menor dolor de cabeza me suscita.
Nueva York tiene eso y más, una fina capa de agua amenazando la temperatura ambiente de mis obras en almacén; le gente acosando a mi galerista con la única finalidad de comprar cualquier basura alojada en mi estudio; la fluctuación de la bolsa acechando sobre el desplome del crudo, que no hace sino reafirmar el valor en alza de las energías renovables. Ahí está parte del juego en el que desde hace tiempo inmerso estoy, el del mercado del arte, flujo energético inagotable, prostitución de lujo, lencería fina; orujo, lujo y flujo de capitales rebotados del parqué financiero a la pared del suntuoso ático en el Greenwich con vistas a Central Park.
Dado que la ética se imparte como unidad didáctica en los temarios de historia del arte, y por haberme ganado ya el puesto en el cielo de los castigados sin postre, espero ansioso que la computadora electrónica made in japan muestre la cifra, en euros por favor, del montante que supondrá esta ‘nueva’ infinita serie de litografías presas de todo eso que tanto le gusta, y pide, la más común de la gente: la más absoluta nada envuelta en ambrosía.

24 de junio


Necrosis en la poya


Esplendor Geométrico

Necrosis en la poya, 7”

Tic Tac Records, 1981

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Nunca consideré la posibilidad de visitar al hermano de Angélica, por la sencilla razón de que empleaba una dialéctica de futbolero empedernido, de hooligan empapado en cerveza que trufaba sus comentarios con continuos reproches sobre las disfunciones y desventajas de ser mujer en la sociedad actual, o por lo menos la suya; aunque la actual incluye la pormenorización posterior. Teníamos tanto en común como el resumen de mis lienzos abstractos de un modo certero, ecuánime y en términos aptos para todos los públicos, es decir, absolutamente nada.

Cuando Angélica me comentó que su hermano trabajaba en una fundición bosquejé unos gruesos trazos mentales acerca de qué encontraría al llegar allí el día que decidiese bajar de mi nube particular para mezclarme, contaminarme, con una sustancia parecida a la que atesoraba su hermana: rencor. Ante este imaginario paisaje, las formas manieristas del Greco casan a la perfección en el ejercicio de inacabable estiramiento que la miseria humana alcanza en más de las ocasiones deseables.

Un buen día, de esos que de vez en cuando el destino tiende a entregar para que no pueda echársele en cara la falta de generosidad que tiene para con algunos mortales, decidí apartar mis prejuicios y acercarme a conocerlo. Si el director de arte de Mad Max hubiera tenido conocimiento de la existencia de este paradero, la cúpula del trueno habría tenido su mejor emplazamiento en una apocalíptica nave como esta donde los obreros respiran a través de mascarillas, mientras unos a otros se contemplan con los ojos rojos inyectados en un azufre que los vuelve tan irascibles como dóciles.

Como dije antes, se trataba de un buen día; Eric, el hermano de Angélica, deglutía algo empapado en grasa mientras me tendía la sucia mano en gesto de saludo que me ponía, ya de inicio, entre la espada y la pared. La maquinaria fundía bronce a la par que salpicaba los restos al rojo vivo de un modo que me hizo temer por mi vida mientras que, gracias a ello, a kilómetros de allí mi marchante veía como mi cotización ascendía como si de un valor bursátil me tratara.

Conocedor de mi perpetua esclavitud para con el arte, como si de un Jesucristo de la pintura me tratase, Eric me comenta que ciertos escultores deciden enviar sus encargos para que rudos obreros como él fabriquen una pieza que luego valdrá miles de euros, de los que él, por supuesto, no verá más que una fracción infinitesimal. Así es la vida Eric, nadie te puso una pistola cuando esnifabas pegamento, ahora no me vengas con esas; cuando te bebías hasta el vidrio de las botellas yo tenía que vagar por el parque para oxigenar mi alma en busca de la inspiración que me liberara de mi carga maldita de ser en un mundo que no elegí, pero en el que he de mantenerme a flote hasta el fin de mis días –todo pensado para mis adentros claro–.

De repente cesa el engranaje de la turbina ventilador; el ambiente se calma, podemos conversar de un modo más cercano. Con cierta gracia recuerda cuando apareció David Smith por allí inquiriendo que se le fabricase un cubo perfecto. Un tipo extraño para el que términos como concepto y minimal eran comodines en un lenguaje plagado de referencias intelectuales. Poco a poco Eric se enciende cuando le viene la imagen de su capataz explicándole como debía crear un cubo perfecto. Y como si la chispa adecuada le hubiera alcanzado de lleno, explota recobrando el azufre en sus ojos: ¿¡Qué no sabemos hacer un cubo de mierda!?

Las turbinas comienzan a rugir, los hornos a vociferar; el humo lo cubre todo. ¡Que no sabemos lo que son nueve caras iguales: un mazacote de mierda!

Ya no es el mismo, ha vuelto a ser exactamente tal y como su hermana me lo había descrito, plagado de rencor y miseria, una copia exacta de lo que más posee su hermana Angélica.

17 de junio


El Único Juego En La Ciudad


La Mode

El eterno femenino, Lp

Nuevos Medios, 1982

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La noticia alcanza a escucharse al otro lado de la sala; una conferencia telefónica transatlántica avisa que una de mis obras ha sido vendida en Christies Londres por una cifra cinco veces mayor a la inicialmente fijada. Otra vez más he vuelto a hacerlo, a ponerle un lazo de celofán al producto ansiado por la sociedad; ya sólo queda festejarlo junto a mis compañeros, esos de antiguas fatigas y sinsabores, de amargos reveses y eternas noches; esos con los que merodeaba los comedores públicos los últimos días de mes; hoy ya no queda nada ni de ellos ni de mí, tan sólo espectros de unos seres del mejor pasado infinitamente sufrido: carne de lata para perros, agua no potable en duchas públicas, restos de comida a las puertas del ultramarinos, vino de cartón caliente en un continente completamente ajeno: América, te odio tanto. Hoy, por suerte, todo es muy diferente.

La noticia ha causado un gran revuelo dentro del séquito reunido en la inauguración de la nueva galería; una antigua compañera ha decidido vender su alma al diablo con el fin de construirse un mausoleo de puro vil metal. Y aquí, junto a ella, estamos todos deseando formar parte de su lista de artistas en residencia.

Quintuplicar el precio de salida no es tarea baladí, esto se merece una celebración por todo lo alto. En un juego de indiscutible implicación frívola y nocturna, la ciudad debe actuar como el tablero donde desarrollar los trazos de una exaltación de las más básicas funciones vitales, proponiendo seguir la estela de un desbocado José Guerrero sólo queda decir aquello tan citado entonces: bebámonos el cuadro.